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La política entra a la Suprema Corte

La política entra a la Suprema Corte

Columnas martes 02 de septiembre de 2025 -

La llegada de nuevos ministros a la Suprema Corte de Justicia de la Nación electos directamente por el pueblo, es un hecho que, por su impacto en la vida pública, ya está inscrito en la historia de México. El 1 de septiembre quedó marcado no solo por un relevo institucional, sino por un cambio de época. La política entró a un espacio que, hasta ahora, había sido del derecho, del tecnicismo y de los intereses conservadores. Y, como diría Aristóteles, la política busca la felicidad de los pueblos.

Durante décadas, la Corte se refugió en un lenguaje técnico, en criterios de interpretación legalista que servían de escudo para no asumir el carácter político de la Constitución. Parecía que aplicar la ley era suficiente, aunque eso implicara atropellos constantes contra los sectores más pobres del país. Se llegó al absurdo de olvidar que la Constitución no se llama “Constitución Jurídica”, sino “Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos”. Su naturaleza es, primero que nada, política.

Aquí conviene traer a cuento a Ferdinand Lassalle, aquel pensador alemán que en el siglo XIX escribió ¿Qué es una Constitución? Lassalle sostenía que una Constitución no vive en el papel, sino en los “factores reales de poder” que la sostienen. De lo contrario, es solo letra muerta. Esosfactores reales de poder —el pueblo organizado, las mayorías trabajadoras, los pueblos originarios, los jóvenes y las mujeres— por fin se reflejan en la integración del máximo tribunal.

El simbolismo fue poderoso. La entrega del bastón de mando, práctica rescatada por López Obrador y retomada por la presidenta Claudia Sheinbaum, sirvió para subrayar que este relevo no es un simple trámite institucional. No se trata de “politizar” la Corte en el sentido vulgar de partidizarla, sino de reconocer que interpretar la Constitución siempre debió ser un acto político, y de cara al pueblo.

Dos figuras destacan en este nuevo escenario. Hugo Aguilar, presidente de la Corte de origen indígena, simboliza esa reconciliación entre saber jurídico y realidad social. El otro nombre es Arístides Guerrero, el ministro más joven, que llega tras superar un accidente automovilístico que lo puso en riesgo. Su presencia refresca el aire en un tribunal que por años fue visto como un club cerrado de juristas mayores y desconectados de la vida cotidiana, con honrosas excepciones.

Por supuesto, la tarea no será fácil. Lassalle nos advirtió: los factores de poder nunca desaparecen, solo cambian de forma. Así como hoy el pueblo entra en la Corte, también habrá intentos de capturar a los ministros desde otros intereses —económicos, corporativos, mediáticos— que no renuncian a mantener sus privilegios.

El reto es mayúsculo: pasar del legalismo frío al constitucionalismo popular. Eso significa que, cuando se resuelvan casos sobre derechos sociales, pueblos indígenas, igualdad sustantiva o servicios públicos, los ministros deberán mirar más allá de los códigos y valorar los impactos reales en la vida de la gente.

La apertura de las puertas de la Suprema Corte al pueblo fue, literalmente, un cambio de época. Una verdadera revolución pacífica. La presidenta Sheinbaum lo entendió bien y acompañó la ceremonia. Habrá críticas, dudas y resistencias. Pero la semilla ya está plantada: la política entró en el último reducto del conservadurismo jurídico. Y lo hizo con legitimidad popular, con respaldo histórico y con un simbolismo que conecta a López Obrador, a Sheinbaum y al pueblo de México en un mismo horizonte.

ENTRE GITANOS

LA JEFA DE GOBIERNO

Siempre rodeada de diputados del Congreso de la CDMX, de su Gabinete y arropada por la gente. Así es como la jefa de Gobierno, Clara Brugada, gobierna en territorio. Su experiencia como legisladora y alcaldesa la hacían una política habilidosa y cercana a la gente. Pero, este primer año de gobierno, al frente de la ciudad más importante del país, le ha dado unas tablas que hacen que más de uno la voltee a ver rumbo al 2030. Falta mucho, no hay que distraerse, pero cuando se mira a la gente de todas las edades gritando su nombre, la ruta se ve muy clara. Al tiempo.

*Especialista en Ciencia Política y Gobierno.
avilezraul@hotmail.com


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/CR

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