La reacción de los partidos opositores frente a la reforma electoral impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum, volvió a exhibir un problema que la política mexicana arrastra desde hace años: la incapacidad de la oposición para construir una narrativa propia. La crítica llegó rápido, casi automática. Lo que no llegó fue una contrapropuesta.
Ningún partido opositor —ni el PAN, ni el PRI, ni Movimiento Ciudadano— ha salido a presentar una propuesta alternativa de reforma electoral, explicarla a la opinión pública y defenderla en el debate público. La discusión se ha llenado de advertencias, de pronósticos y de descalificaciones, pero no de proyectos distintos de país.
En democracia, el desacuerdo es natural. Lo que no resulta sostenible es la ausencia de alternativas. No se trata de respaldar o rechazar una reforma. Se trata de hacer política. Si una iniciativa se considera equivocada, lo mínimo esperable es presentar otra, someterla al escrutinio público y defenderla con argumentos. Esa es la lógica de cualquier parlamento; pero, hasta ahora, eso no ha ocurrido.
El problema de fondo es que oponerse no es lo mismo que ofrecer una alternativa. Desde la irrupción electoral de Andrés Manuel López Obrador en 2018, buena parte de la estrategia opositora se ha construido en una lógica reactiva: responder al gobierno, denunciar sus decisiones, advertir sus riesgos. Pero aspirar a gobernar exige algo más que señalar errores. Se requiere tener un proyecto.
Paradójicamente, mientras la oposición sigue instalada en la crítica, el sistema político está entrando en una nueva etapa: el regreso de la política al Congreso.
Durante los últimos años, el centro del debate público estuvo concentrado en el Poder Ejecutivo. Las grandes decisiones parecían tomarse fuera del Legislativo y las mayorías parlamentarias funcionaban más como mecanismos de acompañamiento que como espacios de negociación real. La reforma electoral podría cambiar esa inercia.
No solo por el contenido de la iniciativa, sino por la correlación política que hoy existe dentro del bloque gobernante. A diferencia de otros momentos, los partidos aliados —el PT y el PVEM— han dejado claro que no existe una alineación automática. Ambos defienden intereses propios, agendas particulares y espacios de poder que no están dispuestos a ceder sin negociación. Y cuando los aliados negocian, la política regresa.
Eso es precisamente lo que empieza a observarse en la Cámara de Diputados. Las posiciones se discuten, los votos se cuentan y los acuerdos dejan de ser automáticos. En otras palabras, el Congreso vuelve a convertirse en lo que constitucionalmente siempre debió ser: el lugar donde se negocia el poder.
Porque cuando el debate legislativo se vuelve real —cuando los votos importan y las mayorías se construyen— quienes no participan con propuestas terminan reducidos a espectadores del proceso.
La reforma electoral puede aprobarse o modificarse. Esa es la lógica normal de cualquier democracia. Pero lo que esta discusión está revelando es algo más profundo: el sistema político mexicano está regresando a una etapa donde el Congreso vuelve a ser arena de negociación. Y cuando eso ocurre, la política deja de ser discurso y vuelve a ser operación.
Y aquí es donde los operadores políticos recobran su relevancia, no se necesitan mensajeros, sino constructores de acuerdos. Sin querer o sin darse cuenta, la presidenta está fortaleciendo al coordinador del Grupo Parlamentario de Morena, Ricardo Monreal. Porque en democracia no basta con escribir las reglas del juego, hay que aprobarlas.
ENTRE GITANOS
8M CON SALDO BLANCO
La marcha del Día Internacional de la Mujer en la CDMX volvió a poner a prueba la capacidad de gobernar de la jefa de Gobierno, Clara Brugada. Nuevamente demostró que su experiencia institucional es garantía. El operativo encabezado por la Secretaría de Gobierno, logró algo que en años recientes no siempre había sido sencillo: permitir la libre manifestación, garantizar la seguridad de las participantes y reducir al mínimo los puntos de conflicto. Enhorabuena.
*Especialista en Ciencia Política y Gobierno.
avilezraul@hotmail.com