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Las líneas rojas de Putin

Las líneas rojas de Putin

Columnas miércoles 01 de diciembre de 2021 -

Otra vez la amenaza de guerra pende en Europa del Este. Putin parece dispuesto a llegar a las últimas consecuencias en su afán de evitar una Ucrania integrada a la OTAN. El Kremlin ha ordenado el despliegue de 114 mil soldados en sus fronteras occidentales. La semana pasada Putin acusó a la OTAN de rebasar “líneas rojas” al tratar de ampliar su infraestructura militar en Ucrania, lo cual incluye el suministro de armas. Por otra parte, Moscú también juega la carta migratoria al impulsar a Bielorrusia, su aliado incondicional, a provocar una crisis humanitaria en sus fronteras con la Unión Europea al usar a los migrantes como “arma arrojadiza ”, y amenaza con cerrar los gaseoductos a Europa en medio de una crisis energética. La actitud de la OTAN no ha sido menos provocadora Durante el verano aumentó de manera significativa su presencia y actividad en el mar Negro, mientras bombarderos estratégicos estadounidenses volaban a tan solo 20 kilómetros de la frontera rusa.

¿Tomará Putin la fatídica decisión de invadir Ucrania? Él ha hablado de un enorme “asunto pendiente”, el cual está decidido a resolver antes de abandonar el poder, y ese asunto es Ucrania. Ver a Kiev aliado de Estados Unidos es inaceptable para cualquier gobernante ruso. Rusia considera a su vecino como parte de su zona hegemónica, por eso opone con toda determinación al objetivo, reiterado recientemente por el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky, de unirse a la OTAN. Muchos temen la probable intención de Putin de tomar el control definitivo de las regiones orientales ucranianas con mayoría rusa. Otros hablan de un plan de conducir al país a un punto de tensión extremo con el objetivo de desestabilizar y derribar al gobierno de Zelenski. Hay clima para ello, el presidente es impopular y la mayoría de las fuerzas políticas ucranianas parecen interesadas en un final prematuro de su mandato. También los oligarcas se han vuelto sus enemigos. Para colmo, hace poco le renunciaron los ministros del Interior, y de Defensa.

Pero también todo esto podría ser solo una fanfarronada. A Putin conviene propiciar agitación internacional para producir un enemigo externo aglutinador y distraer a los rusos de sus problemas reales. Pero en Rusia actualmente el contexto no es favorable a una guerra. Los rusos se encuentran aún lidiando con el coronavirus, además de con las sanciones económicas internacionales (causadas, precisamente, por las bravuconadas de su presidente) y con el impacto de la interminable crisis económica. El potencial de movilización de las aventuras de política exterior está casi agotado con los ciudadanos preocupados por sus propios problemas, situación muy distinta a lo sucedido en 2014, cuando Putin ganó gran popularidad en su país tras arrebatarle a Ucrania la península de Crimea.


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