El ser humano está lleno de simbolismos que le dan sentido a su vida. Nuestra capacidad creativa nos permite dar diferentes significados a las cosas, y con ello, generar historias e ideas que muchas veces trascienden generaciones.
Por ejemplo, nuestro bello escudo nacional es el simbolismo de nuestro origen, donde una escena de la naturaleza (un ave alimentándose) se vuelve la máxima representación de la patria.
Pero hay simbolismos más comunes, más corrientes, más mundanos y más individuales, pero no por ello menos fuertes y valiosos para quien los posee. Así, quiero compartirles un bello simbolismo de mi vida que está relacionado con gastronomía, con una delicia que, independientemente del significado personal que tiene para mí, es reconocido en todo el mundo: los chocolates Leonidas.
Desde 1913, Leonidas es conocida por ser una de las chocolaterías más finas del mundo, fundada por el joven confitero griego Leonidas Kestekides y esparcida por el mundo gracias a su sobrino Basile. Personalmente, conocí Leonidas en el año 2001, en un verano que estuve en Paris, de la mano de mi mejor amiga, como regalo de 15 años de mis padres (materializado años después). Con esfuerzo y dedicación, mis padres trabajaron arduo para poder mandarme a casa de los tíos de mi amiga a conocer el viejo continente.
Estando allá, con mis entonces francos contados, cámara de rollo, sin celular y con muchas ganas de conocer, todos los días mi amiga y yo caminábamos hacia la estación de metro para visitar la Ciudad de la Luz. En ese camino había una tienda de Leonidas.
Varios días pasaron para que decidiéramos entrar. Cuando lo hicimos, quedamos anonadadas con todo: el olor, los colores… y los precios. Creo que el señor que atendía notó nuestra sorpresa y ablandó su corazón, pues mientras definíamos las 3 pequeñas piezas de chocolate que nos llevaríamos para toda la semana (y que atesoraríamos en casa, para disfrutar en su momento especial), él nos daba otro par “para probar”. Gran gesto que nunca olvidaré. Pasaron las semanas y el ritual se repetía: una visita, tres pequeñas piezas de compra y dos de prueba, más un cálido saludo “mes amis les mexicains” (mis amigas las mexicanas).
Pasaron los años, muchos, décadas incluso, y un día una de mis hermanas fue a Bélgica. A su regreso, mi souvenir fue medio kilo de chocolates Leonidas. Lloré. Lloré porque descubrí el simbolismo que representan esos chocolates en mi vida: progreso, prosperidad y bendiciones. Lo que una vez fue un sacrificio hoy se volvía un souvenir, producto de mucho trabajo, entrega y amor.
Que la vida nunca deje de sorprendernos, que siempre nos topemos con gente bonita y que todo lo que hagamos nos lleve a ser mejores. Deseo que su vida esté llena de gratos sabores y bellos simbolismos.
Amante del buen comer