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Los olvidados y los miserables

Los olvidados y los miserables

Columnas miércoles 28 de agosto de 2019 - 03:26

Cuando Luis Buñuel lanzó su película Los Olvidados, en 1950, se armó un buen revuelo. La indignación se debió a que la película mostraba al México pobre y violento asociado a la industrialización que en ese tiempo presumía el gobierno alemanista. Para infortunio de los ofendidos, resultó que había un mundo, y Buñuel fue premiado el año siguiente, en Cannes, como mejor director. En cuanto a la película, en 2004 fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad.
Hace unos días, Carlos Loret presentó un documental sobre la pobreza extrema en Guerrero, cruelmente agravada por los recortes a los programas sociales que decreta el gobierno de López Obrador.
El documental al parecer fue la gota que derramó el vaso en cuanto a Loret, quien siempre se ha conducido como un profesional inteligente y crítico. El vocero del gobierno tuvo que salir a deslindar(se), con la naturalidad de quienes creen que presiden un pabellón de retrasados mentales (que además están felices), o de quienes evidentemente asumen que todas las mentiras se justifican con tal de continuar destazando al país para amontonar retazos de poder.
Ni idea si Buñuel habrá pensado para su película en la novela de Víctor Hugo, Los Miserables, pero el título viene aquí al caso, no sólo porque los miserables son también los olvidados del documental, sino porque, en otra acepción del término, los miserables son los abyectos.
Son los que creen que sometiéndose, jugando a que son prudentes y “estratégicos“, y deshaciéndose de los Loret latosos que afortunadamente siempre existen, van a salvar sus negocios.
Hasta ahora les ha funcionado y hoy, más sumisos que nunca, se arrellanan en sus sillones mientras el desgobierno dinamita las estructuras legales e institucionales del país.
Desde luego no es probable que tanta destrucción y tanto derroche sean el mejor ambiente para los negocios, y por mucho que se hinquen los dueños de cualquier cosa, por mucho que festejen los pequeños inquisidores, por mucho que se manipule y se amenace, la realidad no se va a ir a ningún lado. Las mentiras pueden funcionar un rato, pero las tragedias humanitarias que, con toda alevosía y cinismo, se han inducido en todo el país, no pueden taparlas nada ni nadie. Como ya lo muestran los spots del primer informe, será cada vez más grotesco el abismo entre la propaganda chabacana de un gobierno despiadado, y el mosaico inocultable de calamidades que ese mismo gobierno provoca o agrava.
Quizá algún día haya justicia para los que hicieron y para los que dejaron hacer; quizá no, pero como diría un gran cínico, hay crímenes y hay estupideces, y de que el teatro se cae, se cae.
P.D. Nace “Futuro 21”, con gente valiosa y valiente que imagina un gobierno y un país distintos. Enhorabuena.
•Director General de Causa en Común.
@japolooteyza

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/CR

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