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Más prudencia en política 

Más prudencia en política 

Columnas martes 14 de enero de 2020 - 00:33

Más prudencia en política

Retomo la prudencia política a la luz del texto homónimo del filósofo español Leopoldo Eulogio Palacios, en el que trata con amplitud y sencillez el tema, por el que obtuvo el Premio Nacional de Literatura de su país y que debería ser lectura obligatoria en estos nuevos tiempos políticos en nuestro país.
Antes de presentar su lista de componentes de esta virtud moderna, el autor explica lo que no es la prudencia política y dice que una imprudencia es un acto de precipitación, inconsideración, inconstancia o negligencia y que, ninguna de estas cuatro cosas, pueden decirse del hombre o mujer que actúan en política.
Explica además que el político no se precipita, pues delibera transitando por todos los pasos; no es inconsiderado, pues juzga como es debido; no es inconstante en la ejecución y no es negligente, sino solícito y atento para ejecutar con rapidez. Esto es lo que hace un político, asegura, “posea o no rectitud de intención, goce o no de virtudes morales”.
Después cita a Ortega y Gasset, quien afirma que las condiciones orgánicas fundamentales de un genio político son: impulsividad, turbulencia, histrionismo, imprecisión, pobreza de intimidad, dureza de piel; que todas van juntas y que, por tanto, es injusto “imputar al grande hombre como vicios sus imprescindibles ingredientes”.
En efecto, dice Palacios, el político debe contar con unas cuantas condiciones elementales —orgánicas o no—, partes integrales, requisitos o ingredientes imprescindibles para el desarrollo de su actuación, “pero nadie pensará en serio que estos requisitos son los enumerados…” por Ortega y Gasset.
Sostiene que, para dar una enumeración aceptable, que se base únicamente en las cualidades que convienen al político, es indispensable acudir a los ingredientes de la prudencia y reitera: la política es una especie de la prudencia y que los ingredientes de ésta lo son de la política.
Señala que la prudencia es un conocimiento que por su propia y especial naturaleza requiere información del pasado y visión del presente, y que por eso necesita memoria e intuición, que son los dos primeros elementos. Ese conocimiento, afirma, se adquiere o por tradición o por invención, que encarnan dos ingredientes más de la prudencia: la docilidad al magisterio de los otros y la agilidad mental para la pesquisa propia.
Finalmente, Palacios declara que hay que usar hábilmente el conocimiento adquirido, y para eso hay que contar con una razón industriosa, quinto componente de la prudencia y que para articular la razón con rectitud se necesitan tres elementos más: ordenar las acciones al fin (previsión); atender a las circunstancias (circunspección) y evitar los obstáculos (cautela). La obra entera es completa y reveladora. Explica a detalle todos los factores mencionados. Considere revisarla, verá que contiene mucha información adicional útil, y no solo en política, aunque ahí es donde más se necesita.



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/CR

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