Ahora los autodenominados comentócratas de Veracruz se convierten en golpistas y quieren imponer, una decisión que le corresponde al pueblo: la revocación de mandato en el estado, por así convenir a sus intereses.
Están desesperados por convenios y quieren la cabeza de la gobernadora, porque creen que otros se los darán, en esta batalla argumentan ineficacia, como si fuera la única que actúa en las acciones de rescate, de las que los autodenominados comunicadores, están muy alejados.
Lo que no pudieron hacer con la guerra sucia en su campaña ahora lo intentan con un golpe mediático para tratar de desestabilizar al gobierno estatal.
La nostalgia por el dinero del erario es tan grande que se les olvidó la aritmética elemental y consideran que para mitad del sexenio ya estaría lista la remoción de mandato, e impedir que Rocío Nahle avance en su carrera política. La oligarquía estatal intenta sabotear las simpatías de la gobernadora y pagan a grupos, medios, señoras en silla de ruedas, estudiantes, y hasta falsos damnificados para aparecer ante las cámaras de la televisión comercial criticando la actuación de la gobernadora.
La instalación de la revocación es tarea del Congreso local, donde hay sólo 9 diputados de oposición, de 50 que son en total. Lo que demuestra que los críticos son una minoría como del 17 por ciento.
Del PRI y Movimiento Ciudadano sólo hay dos diputados, de tal manera que no puede llamársele bancada, porque debieran ser 5 para designarlos así. La única bancada opositora es del PAN, que cuenta con cinco diputados, o sea que apenas es una bancada, lo demás es pedacería.
Los reporteros quieren revocación de mandato en 2027, aún sin el consenso del Congreso, lo cual habla de la manera en que quieren imponer esta medida, a la que nadie le teme, pero en proceso de su instalación tienen la esperanza de que los veracruzanos cambien de opinión respecto a la gobernadora.
Medios y escribanos son un segmento extraviado que no encuentra acomodo más que entre sus similares, en cuyos grupos crean campañas de desprestigio en las que nadie cree. Alejados de la población desde siempre, considerados como seres superiores por ellos mismos, se encuentran aislados y olvidados por la población, y sin credibilidad.
Los reporteros acusan a la gobernadora de ineficiente sin conocer las dimensiones del desastre. Ninguno de esos columnistas ha visitado las zonas de desastre, como para acusar negligencia, escriben desde su casa, sin despeinarse. Son incapaces de enviar una botella de agua a los damnificados cuyo bienestar tanto parece preocuparles.
Hacen lo imposible por desprestigiar a Rocío Nahle, quien trabaja intensamente en los rincones más apartados del estado, donde no llega la tendenciosa televisión Azteca, ni lo pasquines decadentes, ni la señal de internet, ni su veneno.