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NO ES UN BUEN NEGOCIO

NO ES UN BUEN NEGOCIO

Columnas jueves 18 de julio de 2024 -

Ser sede de los Juegos Olímpicos ha sido durante muchos años uno de los mayores anhelos de las ciudades más importantes del orbe. Convertirse a lo largo de varias semanas en la capital del deporte internacional, que miles de millones de personas sigan con emoción las competencias y que los medios de comunicación hablen de la cultura, tradiciones e historia locales no es poca cosa. Se ha considerado que organizar la justa olímpica es una oportunidad inmejorable de obtener fama y prestigio, grandes utilidades económicas y un legado hacia el futuro para detonar el desarrollo deportivo.

Sin embargo, parece que ese panorama promisorio no es más que un espejismo, pues las grandes promesas han demostrado en los hechos que son sólo eso. Actualmente resulta difícil que una ciudad presente su candidatura; Boston, Cálgari y Munich, entre otras, se lo pensaron mejor y decidieron retirarse. La sede de los JJ.OO. de 2032 se le otorgó a Brisbane, Australia, una ciudad que tiene la mitad de habitantes que Monterrey, porque fue la única candidata y no hubo más remedio. La situación es peligrosa y el COI deberá tomar medidas para remediar esta apatía que más bien es sentido común. Considero que el fondo de todo es el gigantismo del deporte olímpico.

A lo largo de la historia sólo dos ciudades han obtenido ganancias económicas por organizar los olímpicos: Los Ángeles 1984 y Barcelona 1992, el resto en el mejor de los casos tuvieron pérdidas moderadas o quedaron tablas. Pero hay ejemplos extremos de fracaso como Atenas y Río de Janeiro.

Atenas ganó la sede de 2004 dejando en el camino a otras once ciudades, eran los tiempos felices en los que todos querían. Los juegos regresaban a casa y Grecia cumplió con todas las exigencias del COI: construyó instalaciones, una magnífica villa olímpica, el centro internacional de prensa, zonas especiales para las premiaciones y obras de infraestructura urbana. Pero todo fue un desastre y terminó por arruinar la economía del país; las obras se retrasaron y los costos se dispararon de tal manera que representaron el 6% del PIB. Además, una vez finalizados los juegos las instalaciones quedaron abandonadas. El estadio olímpico está cerrado a punto de colapsar porque su estructura ha sido devorada por la corrosión. Y, por si fuera poco, Grecia se endeudó tanto que tuvo que recurrir a la usura internacional; la Troika europea obligó al gobierno a rematar todos sus activos para obtener capital.

Por su parte, Río de Janeiro venció a Madrid, Chicago y Tokio para ganar la sede de 2016, gastó 16 millones de dólares en su promoción (y por debajo del agua seguro que mucho más). El presupuesto creció exponencialmente y superó con creces todas las previsiones. El resultado no fue nada bueno; las instalaciones están abandonadas por falta de recursos, sin que se les dé el uso para el que fueron hechas y la infraestructura prometida nunca se terminó. Es un caso similar al de Atenas, aunque la economía brasileña, mucho más fuerte, no sufrió tanto.


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