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No podemos olvidar: Morena, la esperanza de México

No podemos olvidar: Morena, la esperanza de México

Columnas martes 23 de marzo de 2021 -

Por José Narro

Hoy, quienes imponen y traicionan al pueblo desde las dirigencias nacional y estatales de Morena parece que no conocen la necesidad por la que Morena irrumpió en el escenario electoral diseñado para servir al poder y a los dueños del dinero y la corrupción.

El sistema político electoral de México se fundamentó en la simulación. El PRI nunca tuvo rival real hasta 1988. Desde la creación del Partido de la Revolución Democrática (PRD) en 1989 la competencia electoral se concentró en tres grandes fuerzas políticas, que incluyen a Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido Acción Nacional (PAN). El sistema de partidos en México se ha caracterizado por el establecimiento de tres ofertas políticas correspondiente al pluralismo moderado.

Sin embargo, este predominio tripartidista ha limitado el crecimiento de los partidos pequeños con el objetivo de mantenerlos como una estrategia para atomizar el voto y cargar la balanza a favor de los partidos que lo necesiten. Se construyó, así, un sistema de pluralismo moderado que tiende a marginar a los partidos de nueva creación.
Desde entonces y hasta las elecciones de 2012, no se vislumbró la presencia de un cuarto partido capaz de superar el 6.52 por ciento de votos, porcentaje máximo alcanzado por uno de los partidos pequeños, en 2009.

El pluralismo moderado no ha alentado el desarrollo electoral de los nuevos partidos, algo que también se refleja en la integración del Congreso. La llegada de Morena vino a modificar esa lógica, por su capacidad de convertirse en un partido competitivo, a la altura de los otros tres, bajo el liderazgo de nuestro hoy presidente Andrés Manuel López Obrador.
El capital político de Morena está asociado a la historia del PRD, organización a la que presidió López Obrador y de la que fue candidato presidencial en dos ocasiones (2006 y 2012). Después de las elecciones presidenciales de 2012 y ante las diferencias con la línea seguida por la dirección nacional perredista, López Obrador renunció al PRD para fundar, junto con un amplio grupo de fuerzas que se negaban a negociar con el PAN, un nuevo partido. Desde la fundación del PRD, en 1989, no había ocurrido una escisión que afectara tanto a esa organización y la privara del liderazgo, activo, más importante de la izquierda.

A partir de las elecciones de 2015, la cuestión que se plantea es si la izquierda mexicana, en este caso el PRD y Morena, estaba en condiciones de competir de manera unificada en las elecciones presidenciales de 2018 o se fragmentaría. Morena superó el reto de presentarse únicamente con candidatos propios a las elecciones intermedias de 2015. Los resultados electorales superaron cualquier expectativa acerca de Morena al situarlo en 8.37 por ciento y en el Distrito Federal, Morena se convirtió en la primera fuerza política al ganar 18 distritos de mayoría, frente a 14 del PRD y 5 de 14 Delegaciones Políticas.

En 2018, Morena irrumpe en la elección presidencial y sorprende a propios y extraños consiguiendo un triunfo que deja atrás el pluralismo moderado vigente. Morena arriba al poder con Andrés Manuel López Obrador con la bandera de justicia y honestidad y la promoción de la integración y la cordialidad.

El Movimiento de Regeneración Nacional que se convertiría en el partido político Morena fue una fuerza unificada y con el objetivo claro de ganar la elección presidencial para construir el cambio necesario para impulsar el desarrollo económico y la paz en el país. Morena articuló la lucha alejándose del pragmatismo que fue permeando al PRD, quienes empezaron un camino de coaliciones, principalmente con el PAN.

Sin embargo, hoy, Morena empieza a reproducir las prácticas de las que huyó en el PRD, la imposición de candidatos, la defensa de personajes acusados de violencia de género, corrupción y abusos suscitados mientras pertenecían a partidos adversarios de Morena.
Hoy, muchos personajes de la derecha que se niegan a dejar sus privilegios y sus actividades fortalecidas por la corrupción se han disfrazado de morenistas para conseguir cargos ante una dirigencia débil e incapaz de defender los objetivos de Morena.
Tenemos que defender nuestra historia y nuestro futuro, pues corremos el peligro de dejar que conviertan a nuestro Morena en una sucursal de los viejos partidos del pluralismo moderado que dejamos para recuperar la lucha por construir un México más justo para todas y todos los mexicanos.


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