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Columnas
En los últimos días, salgo a la calle y escucho quejas constantes del clima en nuestra ciudad, como si la naturaleza fuese el flagelo y no la víctima que resiente nuestra indiscriminada inconsciencia, porque siempre nos resulta más sencillo darle un adjetivo desde el injusto juicio a lo que vemos, muy por encima de lo que hemos sido.
En la Ciudad de la Utopía, las calles son punto de encuentro para la protesta, la fiesta, la reunión vecinal y la campaña política, cuyo tema está semana ha sido calor y contienda electoral; aquí donde el calor deja estragos, se contrapone cansancio y agotamiento, con efervescencia política, que levanta el ánimo, generando entusiasmo para opinar y ser participes de la vida política, se siente la fiesta de un proceso electoral, los vecinos ya discuten quien será su mejor opción; esta bella ciudad, tan diversa y pluricultural, que cuando pretendo definirla faltan palabras y adjetivos que abracen tanto; y es que, es la torta de tamal en el desayuno a la salida del metro, el café que nos reencuentra tras el caos de los claxons, Zona Rosa y el amor vestido de verde, las tiendas de antaño que evocan el glamour de un México postcolonial, los domingos en Bellas Artes, el danzón en las plazas públicas, Diego y Frida en la vieja casa azul, el sonido de las letras del organillero, la salsa sonando en el Barrio Bravo, Chavela desgarrándose una vez más en Garibaldi, Siqueiros y sus murales en la revolución de las consciencias, el paseo con la mascota por el parque, las trece heroínas en Reforma, mujeres cuyos nombres registra la historia como las que nos dieron patria, sin embargo, en el devenir histórico, ejércitos de mujeres han luchado por nuestro pueblo, sus nombres no quedaron registrados, su obra y espíritu siguen vivos, mujeres que trascendieron, mujeres a las que está sociedad machista les negó el justo lugar que les correspondía. La Ciudad de la Utopía son también las lesbianas invisibilizadas en una marcha del orgullo que ellas gestaron, las mujeres y el trabajo de cuidados no reconocido, es Ricarda, en el viejo sanatorio religioso del barrio, la enfermera que cuida del que llega, lesionado, con sobredosis o con golpe de calor, y aquí reflexiono, ¿por qué quién cuida SIEMPRE es una mujer?
El 2 de junio esta próximo y la diversidad en esta Ciudad se hará presente, saldremos a votar para reivindicar, el voto del orgullo LGBT será para Clara Brugada, porque es una contradicción ser diverso e irle al candidato que ha votado en contra de nuestros derechos, el mismo que cuando gobernó la Benito Juarez reconoció un sólo tipo de familia.
Con Clara Brugada los derechos habrán de convertirse en hechos, se ha comprometido ha construir una ciudad libre de discriminación, donde el odio no quepa en las calles, donde sólo haya espacio para el amor sin barreras. Las personas de la diversidad contamos con ella, es nuestra aliada, salgamos a votar este 2 de junio, un voto por Clara es un voto por la protección más amplia de nuestros derechos.
Andrea Gutiérrez