La oposición goza de credibilidad como informador de la realidad de México, en ciertos sectores de la sociedad que no está a favor de la 4T ni quiere regresar al pasado; sin embargo, ese partido carece de confianza como autoridad en los tres niveles de gobierno.
Los partidos por el hecho de generar contenidos de información, verdaderos o falsos, desplazan a los medios, los cuales, ante la necesidad de mayor financiamiento de parte del gobierno, se convierten en activistas políticos intercambiando roles con los partidos.
La estrategia política del PAN, por ejemplo, se convirtió en un trabajo informativo, que por sus estridentes formas y contenidos de difundir su particular versión sobre la realidad llama la atención de esa población que le cree como generador de noticias, pero desconfía de él como para volver a votar a su favor y convertirlo en gobierno.
En México los partidos políticos ocupan el lugar 13 entre las instituciones con mayor confianza en nuestro país. El descrédito de los partidos es producto de una desconfianza en los políticos y de su ejercicio, en algún tiempo los mexicanos vieron con buenos ojos a los candidatos independientes, pero mostraron menos profesionalismo que quienes estaban inscritos originalmente en organismos políticos.
Las pugnas internas de los partidos políticos han contribuido a la percepción de desconfianza que tiene de ellos la población, ve en sus contradicciones y pleito la innecesaria inversión millonaria para realizar las elecciones.
Una tarea tradicional de los partidos en México es el hecho de que su visión y tarea principal está encaminada sólo a ganar elecciones. Han desdeñado la tarea de articulación social y política entre la población y Estado. Ahora el trabajo de los partidos no incluye el contacto con la ciudadanía, se concentran en los comicios a partir de números, estrategias electorales, minería de datos, encuestas, pero no han sido capaces de estrechar la mano de la gente.
Si el PAN se une a otros partidos políticos, éstos se contagian de desconfianza y sólo usan la credibilidad como agentes de información, no atraen votos, de tal suerte que promueven el abstencionismo. Es decir, la oposición ni gobierna ni deja gobernar, son los ninis del nuevo régimen.
El abstencionismo que ahora fortalece la oposición, exige una lectura seria de los partidos y la autoridad electoral, porque si hubiera certeza en la autoridad electoral, el abstencionismo podría disminuir. Crece, con ayuda de la oposición, como una expresión, a veces manipulada, de falta de confianza ante los partidos que son los primeros afectados por las estrategias de comunicación que ellos mismos han difundido desde sus cuartos de guerra.
Para que haya abstencionismo galopante como parece debe coincidir en tiempo y espacio desconfianza en los candidatos, en los partidos y en la autoridad electoral. Estamos en ese punto.