El juicio por la muerte de Diego Armando Maradona registró un nuevo contraste de versiones luego de que el perito cardiológico Ricardo Iglesias afirmara que el exfutbolista no presentaba patologías cardíacas evidentes y que su fallecimiento se produjo de manera repentina, sin señales previas que permitieran anticipar un desenlace fatal.
Durante su declaración ante el tribunal, el especialista sostuvo que la muerte del astro argentino correspondió a un evento súbito e inesperado. Según expuso, los estudios médicos realizados durante el último año de vida de Maradona no mostraban alteraciones cardíacas que permitieran catalogarlo como un paciente con riesgo inminente de sufrir una complicación de ese tipo.
La postura de Iglesias se contrapone a testimonios presentados previamente por otros médicos y peritos, quienes señalaron que el exjugador padecía una miocardiopatía dilatada, además de otras afecciones que habrían derivado en un deterioro progresivo de su estado de salud. Algunos expertos incluso indicaron que existieron indicios compatibles con una prolongada agonía antes de su fallecimiento.
El cardiólogo recordó que Maradona fue sometido a diversos procedimientos médicos y evaluaciones especializadas en distintas instituciones de salud, sin que se detectaran enfermedades cardíacas graves durante ese periodo. Asimismo, consideró que el antecedente de miocardiopatía diagnosticado años atrás estaba relacionado con el consumo de sustancias y que, tras superarse esa condición, el corazón podía recuperar una función normal.
Durante el interrogatorio, la fiscalía expuso síntomas reportados por personal de enfermería y personas cercanas a Maradona en los días previos a su muerte, entre ellos inflamación corporal, episodios de fatiga, alteraciones en la frecuencia cardíaca y ronquidos. Sin embargo, Iglesias consideró que dichos signos no constituían evidencia suficiente para anticipar una falla cardíaca fatal.
No obstante, el especialista reconoció la existencia de episodios asociados con hipertensión arterial y admitió que esas circunstancias podían haber justificado determinadas medidas médicas preventivas para el paciente.
La muerte de Diego Armando Maradona ocurrió el 25 de noviembre de 2020 mientras recibía atención domiciliaria, un aspecto que se mantiene en el centro del proceso judicial. El caso busca determinar si el equipo médico encargado de su seguimiento actuó conforme a los estándares profesionales requeridos.
En el juicio enfrentan acusaciones diversos integrantes del personal sanitario que participó en la atención del exfutbolista, entre ellos médicos, especialistas en salud mental, coordinadores de cuidados domiciliarios y personal de enfermería.