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Columnas
Ahora que quedó claro que no hay persecución política en México, las acciones legales contra figuras públicas, dentro y fuera de los reflectores políticos deben ejecutarse.
Hay una grave impunidad que da la impresión no sólo de un grave retraso en el Poder Judicial para actuar contra personajes como Emilio Lozoya, Santiago Taboada, Jorge Romero, Alejandro Moreno Cárdenas, Francisco García Cabeza de Vaca, Xóchitl Gálvez, entre otros muchos que tienen cuentas pendientes con la ley. Esto significaría otro duro golpe a una oposición proclive a la corrupción.
A éstos habría que sumar algunos otros que desde diferentes trincheras denostaron injustificadamente, acusaron sin pruebas, informaron sin evidencias, comentaron sin investigación previa, haciendo mucho daño no sólo a la democracia sino a la vida diaria de México. Decir una mentira públicamente implica una impunidad y no un castigo, en lo cual debe reflexionarse.
El atraso del Poder Judicial en México no alcanza a ver todavía la dimensión de su tarea porque no la conoce desde el momento que mantiene ese rezago, principalmente respecto a actores políticos que bien harían en dejar su papel de víctima y asumir sus delitos, que no son pocos.
El rezago en las tareas del Poder judicial n sólo es respecto al cúmulo de denuncias y casos sin resolver, la carencia de jueces porque consideran su ingreso aun capilla de incondicionales, su ejercicio lo programan desde la cúpula de altos niveles y la injusticia al volverse impunidad se convierte en hábito.
La tergiversación de sus tareas no sólo se basa en el pretexto de la gran cantidad de trabajo que tienen sino en el concepto de justicia, porque al tener trabajo atrasado, les impide incorporarse a nuevos tiempos y les es vetada cualquier transformación, quedándose en el lugar donde están, lo que de por sí implica un suicido en la manera de administrar justicia.
Las concepciones de la tarea del Poder Judicial, se centran en la repetición de vicios y se expresan prácticamente en español antiguo, basta ver la redacción de las sentencias que no tienen razón de ser escritas con el barroquismo que les caracteriza.
Abandonar los casos más sonados, todos relacionados con alguna forma de corrupción, de los funcionarios, legisladores y ex gobernadores se convierte en falta de credibilidad en toda la administración pública, independientemente del poder de que se trate. Desbastando las instituciones y es la derecha, instalados en los más añejos rincones de la inmovilidad burocrática quienes desgastan a las instituciones y las mandas muy lejos, incluso involuntariamente pero de manera evidente en los hechos.
El rezago en el Poder Judicial es manifestación de sus vicios que les impiden actualizarse y viven con varios siglos de retraso sobre todo en los que se refiere al respeto a la ley, la justicia y los derechos humanos.