facebook comscore
Politizar la economía

Politizar la economía

Columnas jueves 17 de septiembre de 2020 - 00:32

El indispensable Fernando Escalante escribió en días pasados una columna en la que afirma que el proyecto de la cuarta transformación es la politización de la economía. Creo que eso es innegable y la intención fue clara desde la cancelación del aeropuerto de Texcoco y algunas otras decisiones donde el gobierno mexicano es responsable de daños e indemnizaciones que terminan resultando más costosas que dejar sobrevivir el proyecto original.
Yo me atrevo a hacer un pequeño agregado; la economía nunca dejó de estar politizada. Simplemente los pasados 36 años se subordinó a directrices supranacionales, que no por eso eran menos políticas. El discurso hegemónico neoliberal (que sí existe, aunque suene a mala trova) se caracterizó, en primer lugar, por encubrir todas las decisiones colectivas de un lenguaje técnico, un poco entre la economía y la antropología más frívola.
La idea era que se pensara en aparatos públicos como máquinas articuladoras de decisiones sociales racionales, democráticas y ordenadas. La política nunca ha gozado de buena reputación, pero con esta ideología terminó por volverse motivo de vergüenza.
Los políticos, que no pueden desaparecer de una sociedad más que en estado de guerra, tuvieron también que ponerse las cachuchas más exóticas mientras impulsaban una agenda claramente política, que aún conservan: de víctimas o representantes de víctimas, activistas, ecologistas, estudiantes, científicos, expertos de lo que sea o “ciudadanos”.
Esto es interesante porque crea la falsa división entre cualquier categoría que tenga intereses en la agenda pública y los políticos, lo que es, obviamente, imposible. Desde el momento en que alguien pretende influir en una decisión colectiva por vías distintas del delito o de la guerra, está haciendo política, quiera o no.
En el caso de la economía global de las últimas décadas, las directrices y presiones definitivas para todos los países han venido de los organismos financieros internacionales, las empresas calificadoras privadas, los fondos de inversión apátridas y dos o tres Estados nacionales; todos ellos hacen política y de la peor. Detrás de los axiomas, ecuaciones, gráficos impenetrables y recetas para el desarrollo, lo que hay son supuestos filosóficos y sociales, sobre el Estado, el individuo, la razón y la naturaleza humana, que pueden o no compartirse.
Lo que sí sucedió fue que los órganos representativos de las democracias nacionales cada vez fueron menos eficaces, porque se podían meter con todo, menos con quién hace dinero y cómo. Y fuera de eso, no hay demasiado que importe.
No es extraña la reacción de los ciudadanos europeos contra la integración, porque no es obvio que un griego o un italiano estén conformes con que las decisiones nacionales más importantes se tomen por unos señores que despachan en Bruselas. Lo que parece estar intentando el presidente AMLO es volver a la politización doméstica, y no transnacional de la economía. Mostrar que para bien o para mal, las decisiones sobre México se toman en México. A ver si le sale.

Envie un mensaje al numero 55-12-88-20-96 por WhatsApp con la palabra SUSCRIBIR para recibir las noticias más importantes.

/CR

Etiquetas


Notas Relacionadas
Soledad policial Columnas
2020-09-28 - 00:43
Entre apagados muros Columnas
2020-09-28 - 00:27
Pierden los animales Columnas
2020-09-28 - 00:25
¿La mejor política exterior es la interior? Columnas
2020-09-28 - 00:20
Por favor, ¡no insista! Columnas
2020-09-28 - 00:19
+ -