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Columnas
En el 2024 irá a las urnas casi la mitad de la población mundial en setenta países del planeta. Este dato debería poner contentos a quienes vemos en la democracia el mejor (o el menos malo) de los regímenes políticos, pero en realidad el panorama se presenta sombrío. En una buena parte de los casos se espera la consolidación de las tendencias autoritarias presentes en el mundo desde ya hace varios años. 2024 puede significar el advenimiento de un nuevo periodo de deterioro de la calidad democrática. Ello porque se espera el triunfo de opciones populistas, chauvinistas, radicales y/o personalistas. Asimismo, será muy difícil evitar el afianzamiento de gobiernos francamente despóticos, los cuales celebrarán comicios en un ambiente.
En India, el resultado más probable es una nueva reelección de Narendra Modi, cuyo régimen es cada vez más autocrático y personalista. En Sudáfrica e Indonesia se espera el refrendo de los partidos actualmente en el gobierno, los cuales no se han distinguido por un respeto irrestricto a las formas democráticas. Y lo mismo puede pasar en Pakistán, Argelia, Túnez, Bangladesh… Y ni hablar de la posibilidad de un triunfo de la oposición en Rusia o Irán, dictaduras declaradas desde hace tiempo, aunque en el caso de Venezuela hay quienes aún mantienen un hálito de esperanza. Por cierto, abrirá el calendario electoral Taiwán (14 de enero), esta sí una vibrante democracia, pero epicentro del mayor riesgo de confrontación entre China y Estados Unidos.
De entre todos los comicios a celebrarse este año destacan dos: los parlamentarios en la Unión Europea y los presidenciales en Estados Unidos. Entre el 6 y 9 de junio se celebran elecciones al Parlamento Europeo. Todos los sondeos apuntan a nuevos avances de fuerzas de ultraderecha y ultranacionalistas, impulsadas sobre todo por la crisis migratoria y las cuales apuestan por recuperar competencias para los Estados-nación en detrimento de las instituciones supranacionales. Asimismo, una extrema derecha en auge supondría el freno a la integración europea, el debilitamiento del apoyo a Ucrania y un viraje retrógrado en temas centrales como el medio ambiente, la inmigración y los derechos humanos. Trump acaricia la posibilidad de un segundo mandato porque su adversario, el cansino presidente Biden, enfrenta encuestas a la baja. Una victoria del atrabiliario expresidente sería el peor escenario posible para el equilibrio global porque amenaza con cosas como dejar indefensa a Ucrania, retirar a Estados Unidos de las negociaciones sobre el cambio climático, nuevas tensiones en las relaciones con China, una escalada de proteccionismo comercial e incertidumbres en torno al Medio Oriente. Y en política doméstica podría sobrevenir un periodo de intenso deterioro institucional y mayor polarización política. Trump incluso amenaza con hacer de la venganza el contenido principal de su próximo gobierno.