Como discutimos en columnas anteriores, en México ser policía municipal no es un trabajo que ofrezca condiciones laborales apropiadas. Son contadas las instituciones policiales que ofrecen capacitación inicial adecuada, así como un proceso de profesionalización continua. Éste último, es especialmente relevante dado el nivel de responsabilidad que tiene un policía municipal como primer respondiente.
Asimismo, son pocas las administraciones públicas municipales que están desarrollando acciones específicas para fortalecer y profesionalizar su cuerpo policial. La mayoría de los alcaldes y funcionarios municipales cuando hablan de “estar profesionalizando a la policía”, por lo general se refieren a comprar nuevas patrullas, uniformes o armas. Si bien todo eso es necesario para el trabajo policial, la profesionalización debería ir más allá de eso. Una patrulla nueva puede lucir como que se está apoyando a la policía, pero también es cierto que si esa patrulla no se asigna al lugar donde debería de estar y sólo se le tiene dando “rondines” por la ciudad, no va a tener un impacto real en las actividades policiales y mucho menos en generar una mayor confianza con la ciudadanía. Por el contrario, ese recurso parecerá que fue innecesario y que sólo se “mal gastó” parte del erario.
Los municipios deben empezar a priorizar esta profesionalización, con el fin de desarrollar capital humano que genere nuevo conocimiento y que lo pueda aplicar para mejorar las formas en cómo se realizan los patrullajes y las actividades de policiamiento comunitario. Las policías municipales tienen recursos muy limitados, su uso debe ser lo más eficiente posible. Y esto se logra desarrollando estrategias y patrullajes que hagan el mejor uso de los recursos de la corporación. El diseño de esos patrullajes debería basarse en evidencia de lo que funciona.
El gasto en profesionalización debería ser considerado como una inversión necesaria por parte de los municipios. Incentivar a que los miembros de la corporación sigan desarrollando capacidades institucionales. Tanto los oficiales en campo como los analistas deben ser sujetos de estas políticas de profesionalización. La intención de estos proyectos debería ser que eventualmente el personal que sea capacitado proponga acciones concretar para hacer más eficiente el uso de recursos.
Las acciones o estrategias que sean desarrolladas deben tener enfoque específico por cada una de las problemáticas delincuenciales que enfrenta una ciudad. Los analistas deben desarrollar estas propuestas considerando qué tipo de delito atenderán, cómo es su dinámica, en dónde y a qué hora pasa, qué factores del entorno urbano podría estar relacionado, cuál es la forma en que actúan los potenciales delincuentes, actúan solos o son parte de un grupo. Estas son solo algunas de las preguntas que tienen que plantear en sus propuestas de solución.
Las instituciones las formamos las personas, ahí es donde se debería estar invirtiendo más. La profesionalización policial no es un tema menor, es parte toral del proceso para mejorar las condiciones de seguridad actuales, se le debe dar el valor que merece. Particularmente en términos de las policías locales, el proceso de profesionalización debería ser una prioridad de las instituciones gubernamentales de los tres niveles de gobierno. Mismo que hasta ahora no lo ha sido.
Especialista en seguridad y candidato a Doctor en ciencias del crimen por University College London
José Luis Hernández-Ramírez