El viernes 12 de mayo, fui al concierto de Molotov en el Foro Sol de la CDMX. Mi primer concierto masivo después de la pandemia de Covid-19. Me dio gusto ver que los eventos masivos regresaron con toda su fuerza en la primavera de este año. Eso es bueno para la economía, es bueno para la convivencia social; no tan bueno para los intérpretes que son explotados y tampoco para el público que paga altos precios por ver a sus intérpretes preferidos. Dos empresas ejercen el monopolio de espectáculos masivos en México, al menos de manera preponderante en la capital: OCESA y Tiket Master, pero eso es otra historia.
Me dio gusto ver las gradas llenas de gente de mi generación, con kilos de más y cabellos de menos, que con sus hijos e incluso con sus nietos fueron a ver esta banda. Me dio gusto ver a las nuevas generaciones, los veinteañeros, que tal vez recordando lo que sus padres escucharon de jóvenes o que les contaron o por simple curiosidad fueron al Foro Sol. Pero lo que más gusto me dio fue que Molotov no ha perdido su carácter políticamente incorrecto.
Esa mezcla de irreverencia y “freses” que tuvo desde el principio, cuando sus integrantes eran treitañeros, se mantiene ahora de cincuentones.
Cuenta la leyenda que en 1995, un grupo de chavos clasemedieros, Miguel Huidobro, Tito Fuentes, Randy Ebright y Paco Ayala. Formaron Molotov. Su primer álbum ¿Dónde jugarán las niñas? (1997), la rompió, vendió más de un millón de copias. Sátira política y crítica social hacia el gobierno, controlada desde la mercadotecnia provocó su censura en el último gobierno priísta.
Ahora que no hay censura, pero sí cancelación, ¿cómo recibió el público las piezas musicales cuyas letras son censurables por la nueva moral prevaleciente en los medios de comunicación y los intereses políticos? El momento estelar de la noche llegó al final, cuando cantaron “Puto”, el grito proscrito por la FIFA en los estadios y cancelado por los grupos y asociaciones que encontraron en la lucha por la igualdad un botín político.
A diferencia de otras bandas, como Café Tacuba que se autocensuraron, muy respetable por cierto, Molotov la cantó íntegra, como deber ser, lo cual se agradece, porque pone en evidencia que ninguna muestra artística promueve la desigualdad, la marginación o la violencia en contra la comunidad LGTB+. ¿Se puede cantar puto y al mismo tiempo estar en contra de la homofobia? Molotov demostró que sí.
Que importante que la CDMX se preserve como la capital de las libertades. No es una amable concesión de las autoridades. Sino un derecho que conquistamos varias y así se lo desmotramos a nuestros hijos. Eso pienso yo, ¿usted qué opina?