@onelortizhttps://youtu.be/H_rqZmF6PO4?si=JX44znIfmUbxlKQF
¡Ya votaron! Ya ejercieron su derecho ciudadano, ya hay tenencias, algunas consolidadas, otras no tanto. Caras radiantes en los ganadores, caras largas entre los perdedores. En la democracia nadie gana o pierde todo. La mayoría decidió.
Ahora señoras candidatas, señor candidato: ¡Récojan su basura! Es su obligación legal y moral.
Según la Fundación por el Rescate y Recuperación del Paisaje Urbano la propaganda de la jornada electoral de 2024 duplicará la cantidad de "basura electoral", alcanzando hasta 25 mil toneladas solo en la Ciudad de México. En procesos anteriores, se registraron entre 10 mil y 15 mil toneladas de residuos electorales.
La acumulación de basura electoral representa una serie de problemas significativos. Primero, está la evidente contaminación visual. Las ciudades se ven inundadas de imágenes y mensajes que saturan el espacio público, creando un entorno caótico y desordenado. Este bombardeo visual no solo genera estrés en los habitantes, sino que también desvaloriza el entorno urbano, convirtiendo las calles en un escaparate de desechos temporales que, una vez terminadas las elecciones, no tienen más utilidad.
Además del impacto visual, la basura electoral tiene graves repercusiones ambientales. Los materiales utilizados para la propaganda electoral, como el plástico y el vinilo, son altamente contaminantes y no biodegradables. Estos materiales terminan en vertederos, ríos y mares, contribuyendo al creciente problema de la contaminación plástica.
En un mundo cada vez más consciente de la importancia de la sostenibilidad, es crucial que los procesos electorales evolucionen para reflejar estos valores. Los candidatos que realmente se preocupan por el bienestar de sus comunidades deben demostrarlo a través de acciones concretas, comenzando por reducir el impacto negativo de sus campañas.
El proceso electoral de 2024 representa una oportunidad para que México demuestre su compromiso con la sostenibilidad y el respeto por el medio ambiente. Es el momento de exigir a los candidatos y partidos políticos que adopten prácticas más responsables y de implementar regulaciones efectivas que protejan nuestro paisaje urbano y nuestros recursos naturales. La basura electoral no debe ser un costo inevitable de la democracia, sino un problema que puede y debe ser resuelto con voluntad política y el compromiso de todos los actores involucrados.
La basura generada en el proceso electoral de 2024 es una cuestión que debe abordarse con urgencia. Los partidos políticos y sus candidatos deben asumir la responsabilidad de sus acciones y optar por métodos de campaña más sostenibles. Y, finalmente, la ciudadanía debe ser consciente de su poder para exigir cambios y promover un entorno electoral más limpio y respetuoso con el medio ambiente. Solo a través de un esfuerzo colectivo podremos reducir el impacto de la basura electoral y avanzar hacia un futuro más sostenible y justo para todos. Eso pienso yo, ¿usted qué opina? La política es de bronce.