* Los próximos dos meses serán cruciales para los mercados.
El posible default en la economía de Estados Unidos es un asunto que de vez en vez genera incertidumbre en los mercados globales y economía en general.
En este año el tema vuelve a la agenda financiera, pareciera que el una más de tantas. Estados Unidos es la mayor potencia global, no puede entrar en default porque sería un gran colapso. Pero, si bien se espera que los políticos vuelvan a encontrar algún acuerdo, son muchas las veces que ha sucedido una amenaza de default y son tantas veces que los riesgos pueden convertirse en realidad.
De este modo, la probabilidad de impago de la deuda en Estados Unidos está en su punto más alto desde que hay registros.
El límite máximo de emisión de bonos autorizado por ley se acerca cada vez más a la posibilidad real de un 'default' técnico al no poder acceder a nueva financiación para hacer frente a los gastos diarios de la Administración Pública hasta que logre un acuerdo en la Cámara Baja.
Como señalamos, se trata de una situación que no es nueva en Estados Unidos, el riesgo de no llegar a un pacto sobre el techo de deuda ha ocurrido en repetidas ocasiones.
Pero, esta vez los mercados están más convencidos que nunca de que quizás ahora es la más peligrosa de todas, los fondos pueden acabarse en cualquier momento entre junio y agosto, y no hay ninguna expectativa de acuerdo con la vista.
Durante 2023 los Credit Default Swaps (CDS) para el bono a un año de la deuda de Estados Unidos se han disparado. Los CDS son contratos bilaterales para transferir el riesgo. En el caso del bono a un año de Estados Unidos ha sobrepasado por mucho las cifras de otras crisis de deuda similares como la de 2008.
La batalla es intensa, los demócratas rechazaron una medida que exige una extensión "limpia" (sin contrapartidas ni exigencias) de la emisión de deuda.
El presidente del Congreso, el republicano Kevin McCarthy, quiere usar ese proyecto para iniciar negociaciones con Biden, pero el mandatario se ha negado de plano, mientras que el ala más radical de los republicanos ya ha avisado que no aceptará rebajar ni una línea sus exigencias.
Por su parte, Goldman Sachs han mostrado su sorpresa porque los mercados no reaccionan con más volatilidad ante la situación actual, pero son muchas las circunstancias que en estos días agobian a los mercados.
La mayoría de analistas dan por hecho que habrá una solución, pero consideran que habrá más estrés en la economía y los mercados.
Pero los riesgos para las calificaciones son más pronunciados que nunca, lo que se combina con la mayor polarización política y déficits más elevados tras las recientes crisis económicas.
Los riesgos son fuertes entre los inversores, la probabilidad de impago de la deuda a un año de Estados Unidos está en su punto más alto desde que hay registros.
Con el techo de deuda -el límite máximo de emisión de bonos autorizado por ley, que el Congreso tiene que renovar cada vez que se alcanza- sobrepasado en enero, el Gobierno de Joe Biden se acerca cada vez más a la posibilidad real de un 'default' técnico al no poder acceder a nueva financiación para hacer frente a los gastos diarios de la Administración Pública hasta que logre un acuerdo en la Cámara Baja.
Se trata de una situación que no es nueva en Estados Unidos, pues el riesgo de no llegar a un pacto sobre el techo de deuda ha ocurrido en repetidas ocasiones.
Sin embargo, ahora los mercados están más convencidos que nunca de que esta vez es la más 'peligrosa' de todas, ya que los fondos pueden acabarse en cualquier momento entre junio y agosto y no hay ninguna expectativa de acuerdo con la vista.
En lo que va de 2023 los Credit Default Swaps (CDS) para el bono a un año de la deuda de Estados Unidos se han disparado. En el caso del bono a un año ha sobrepasado por mucho las cifras de otras crisis de deuda similares como la de 2011 o 2008.
El presidente Biden ha señalado que no piensa negociar con los republicanos, a los que acusa de "chantajearlo" tomando la deuda pública del país como rehén para conseguir que los demócratas les aprueben "una lista de deseos" sin que ellos tengan que ceder ni ofrecer ninguna concesión a cambio.
El presidente, y el Senado, han dejado claro que no van a tramitar siquiera el proyecto. Exigen que el Congreso permita al Tesoro seguir emitiendo bonos para "cumplir con la Constitución", que dice que "la validez de la deuda pública del país no será cuestionada", y dejar las negociaciones fiscales para los próximos presupuestos.
A pesar de que este default sea por problemas legales y no por una incapacidad económica de afrontar sus deudas, si llegara a suceder habría consecuencias graves para Estados Unidos y para el mundo entero.
Por ejemplo, puede dar lugar a una venta masiva de bonos del Tesoro.
El brusco endurecimiento de las condiciones financieras sería especialmente negativo para los mercados emergentes que dependen de los flujos de capital".
Asimismo, la actividad económica se frenaría aún más por otras vías.
Además, habría un fuerte encarecimiento de la financiación de la deuda.
La volatilidad de los mercados mermaría la confianza de los consumidores y las empresas, reducirían las inversiones.
Un punto a favor consistiría en que los hogares aumentarían el ahorro por precaución.
Es casi seguro que habrá una solución, aunque sea de último momento.
Pero, el estrés no es bueno para los mercados y ojalá un día o año de estos no vaya a hacerse realidad aquel dicho mexicano que reza: Tanto va el cántaro al agua...hasta que se rompe.