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Rusia, Venezuela y la desinformación

Rusia, Venezuela y la desinformación

Columnas martes 15 de septiembre de 2020 - 00:58

Andrés Cañizález
@infocracia
Las dinámicas de desinformación en Venezuela, que encuentran caldo de cultivo en un país signado por la hegemonía y control oficiales sobre información y medios de comunicación, no opera en el vacío. La globalización no sólo ha permitido el libre flujo de bienes o servicios, también se han globalizado las estrategias geopolíticas de naciones bajo el poder autoritario.
Como ya lo advirtiera desde 2017 la investigadora venezolana Iria Puyosa, Rusia no es un actor inocente en sus relaciones con Venezuela. De hecho, que Moscú haya pasado a ser aliado estratégico del régimen de Nicolás Maduro, debe ser asunto a tener en cuenta en cualquier análisis.
Además de armas o ahora la vacuna contra COVID-19, Rusia también ayuda al chavismo en sus tareas de desinformación. La estrategia geopolítica rusa encuentra en Venezuela una cabeza de playa para su accionar en América Latina, esto sin olvidar la histórica (y no siempre estrecha) relación con Cuba.
Un ensayo de la investigadora Mira Milosevich, del Real Instituto Elcano de Madrid, disecciona el modus operandi de Rusia en el campo de la desinformación como una de sus “armas” frente a Occidente. La influencia rusa en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, en 2016, encendió la señal de alarma en el mundo occidental.
El aparato de propaganda de Rusia, según la investigadora, se apoya tanto en las redes sociales como en los medios de comunicación tradicionales y tiene tres públicos diferentes (interno, la órbita de países ex soviéticos y el mundo de Occidente). Todo confluye en una sola estrategia que está bajo los servicios de inteligencia de ese país. La desinformación, por otro lado, aparece como telón de fondo en diversos momentos de la historia rusa del último siglo.
Se podría decir, tras revisar el documento “El poder de influencia rusa: la desinformación”, que en realidad en la actualidad reside allí su verdadero poder, dado el ocaso de su industria de armas y su carcomida economía. El poder geopolítico de Moscú, en este momento, se lo brinda su manejo interesado, opaco y propagandístico de la información.
Citando documentos del sistema de defensa rusa, la investigadora ubica la desinformación como parte de la doctrina de la “Guerra de Nueva Generación”, cuya finalidad no es aniquilar al adversario en términos bélicos (por ejemplo, con una bomba de destrucción masiva) sino infiltrarse en su sociedad y generar caos, confusión y descrédito.
La explicación, que data de 2013, por parte del general Valeri Gerasimov, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas desde 2012 hasta la actualidad, la guerra de nueva generación tiene un carácter de simultaneidad, con batallas en tierra, aire, mar y “espacio informativo”.
Rusia combina medios de corte tradicional como la agencia de noticias Sputnik y el canal de noticias internacional Russia Today, hoy envuelto en una anodina sigla de RT.
Por puras casualidades de la vida, en 2014, compartía una reunión de trabajo con el ejecutivo de una empresa de televisión por suscripción de Venezuela. Conversábamos, entonces, sobre la necesidad de generar datos sobre el uso que hacía la población de los canales internacionales cuando el gobierno ordenaba una cadena nacional de radio y televisión. Yo intentaba averiguar qué pasaba en el público una vez que Nicolás Maduro aparecía en pantalla. Una llamada de un alto funcionario de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (CONATEL), en aquel momento, me sirve para ilustrar cómo empezó a consolidarse en Venezuela la influencia informativa rusa.
A través de la llamada se le ordenaba al ejecutivo de esta empresa colocar en la grilla de canales a Russia Today. No era una consulta, fue una orden me resumió, cuando le pregunté qué había pasado. Esa empresa ya tenía completa su capacidad de colocar canales al aire, debió sacar (literalmente) a otro canal internacional de su programación para poder cumplir con la orden que había recibido de colocar al canal ruso al aire.
Seis años después de aquello, cuando realizamos un grupo focal en el poblado campesino de Guarico, en las montañas del estado Lara, en el occidente de Venezuela, me resultó muy llamativo que uno de los participantes mencionara de forma explícita a RT como una de sus referencias informativas. La decisión oficial rendía sus frutos, sin duda.
Entretanto, a partir de lo sucedido con la elección de Donald Trump, en 2016, quedó claro el poder ruso de modelar la conversación en las redes sociales. Rusia utiliza ataques cibernéticos según le convenga, pone en acción ejércitos de robots, pero también cuenta con ejércitos de personas de carne y hueso que van propagando noticias falsas, generando rumores e incentivando la desconfianza.
Rusia ha estado desarrollando su propio esquema de desinformación. Más que censurar el contenido, el objetivo es inundar al público con versiones, la mayoría de ellas falsas, fomentando así la confusión entre los ciudadanos. Este modelo parece tener como objetivo arrojar dudas sobre todo y no dar nada por cierto.
En una visita reciente a Caracas, Venezuela, la historiadora y periodista americana Anne Applebaum dio un claro ejemplo de cómo funciona esta lógica de desinformación generada por Moscú. Ella investigó el caso del vuelo 370 de Malaysia Airlines, con una cifra de supuestamente 239 pasajeros muertos en 2014.
En una entrevista con el portal de idea Prodavinci explicó: el ecosistema de información estaba inundado de cientos de teorías, de modo que, en última instancia, nadie creería nada ni sabría a quién creer. El objetivo es desacreditarlas todas. Después de que estas versiones circularan, el papel del ejército ruso en la muerte de los pasajeros de Malaysia Airlines fue solo otra idea que se deslizaba sobre una ola de falsedades.
Se había cumplido el objetivo.

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/CR

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