Bien dicen que la derecha es pragmática y la ultraderecha dogmática. En el PAN confluyen ambas posiciones y arrojan conductas que lejos de sorprender rayan en lo absurdo. Santiago Creel quiere que el Presidente de la República abra las puertas de Palacio Nacional para que la oposición dialogue. No puede haber mejor muestra de derrota electoral que esta petición.
Las posiciones entre partidos se debaten en el Poder Legislativo y el PAN en las Cámaras sólo mostraron gritos, insultos y descalificaciones que nada aportaron. La democracia es diálogo en busca de acuerdos no monólogo que encuentra agresión y violencia.
En su objetivo monotemático de aparentar una ficticia victoria electoral quieren convertirse en una fuerza equitativa, similar a la que apoya al presidente y de ahí su petición para influir en las decisiones que el poder en México nunca ha aceptado, ni tiene por qué hacerlo.
Las pláticas internas que llevaron a esta petición muestran horas de sesudas conversaciones entre tres o cuatro panistas que buscan figurar en la política mexicana, ya que en el Legislativo sólo protagonizaron pleitos de callejón. Con este antecedente beligerante en el Congreso y una oposición salvaje en la sociedad y los medios, será difícil acordar algo en Palacio Nacional.
El papel desarrollado en el Congreso por personajes como Lily Téllez, Xóchitl Gálvez, Kenia López, Damián Zepeda, Jorge Herrera, etc. Están vacíos de propuestas y cargados de violencia. Esos son sus líderes o sus porros como quieran presentarlos en sociedad. Cómo puede haber diálogo con ellos, cuál sería el nivel dese “diálogo”, no han dado muestra de civilidad siquiera.
Porque la oposición aseguró que quienes ahora se vacunan, de 30 a 39 años, estarían recibiendo la inmunización en 2013, porque descalificaron la eficacia de la aplicación, porque se montaron en desgracias para figurar en los medios, porque politizaron el desabasto de medicamentos. Todo esto a pesar de que ellos dejaron cientos de hospitales a medio construir y nunca dieron un peso de sus prerrogativas para contribuir a la salud de los mexicanos.
Con esos antecedentes imposible invitar a la sede del Ejecutivo a platicar, porque simplemente se hablarían idiomas diferentes donde no hay cabida para un traductor y el peligro es inminente. Prometen ser propositivos cuando nunca lo han sido, o respetuosos cuando no se les da, o sinceros cuando son el ejemplo del doble discurso, arroja muchas dudas, pero lo más lamentable es que más que una convocatoria de Creel parece reto, una confrontación, un insulto a la inteligencia del presidente y una burla a la dignidad de los mexicanos, pero, sobre todo, un intento fallido por aparentar tener un mismo nivel de aceptación social. El Presidente es, sin duda un lector asiduo de Maquiavelo y sabe que el poder no se comparte, se ejerce.