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Columnas
El mundo ha cambiado, y eso no necesariamente significa que lo haya hecho en términos positivos.
La semana pasada hablaba a usted amable lector sobre el arrase del populismo en el mundo, los porqués y lo que puede venir al respecto.
Pues bien, el avance del populismo no puede explicarse sin el hastazgo hacia lo tradicional, y en cierto sentido a lo viejo.
Pareciera como si la humanidad estuviera buscando un camino, nuevas respuestas a las preguntas de siempre, pero en ese afán está dispuesta a perdonar y dejar pasar casi lo que sea, incluyendo un intento de autogolpe de estado en la mayor democracia del mundo.
Hace poco en una reunión cotidiana con viejos amigos, uno de ellos nos platicaba sobre su incredulidad porque acababa de regresar de visitar a sus familiares en Estados Unidos y en una de tantas pláticas abordaron el tema de la próxima elección en ese país, todos ellos tenían muy claro algo: si Trump se presentaba a las elecciones votarían por él.
Mi amigo les recordó el episodio del Capitolio, y cómo el entonces presidente instó a sus huestes al asalto al recinto, algo que puso en aprietos durante unas horas a la democracia del país.
Sus familiares le señalaron que todo eso no importaba, que había forma de controlar a Trump, pero que lo que les prometía nadie más lo haría, rescatar a Estados Unidos de la debacle global en la que según ellos se encuentra, además de poner orden migratorio, generar más trabajos y de mejor calidad, sin olvidar el proteccionismo económico al que desea volver y que para muchos ciudadanos es la mejor forma de recuperar a la economía.
Los electores en Estados Unidos y en el mundo parecen decantarse en estos momentos por líderes agresivos, proteccionistas y enfocados en el rescate de lo interno (valores, cultura, incluso religión).
Es posible que el mundo se haya saturado de globalización y hoy lo que quiera es retractarse un poco o un mucho, consciente de que la globalizacion es un proceso irreversible por las herramientas tecnológicas vigentes y las que vienen, entre ellas la inteligencia artificial.
En el fondo, no rechazan la globalizacion como tal, sino algunos ee sus efectos, especialmente la masificación global de las inversiones, los rendimientos y los beneficios, que han llevado a la erosión de naciones enteras que si bien en términos geográficos siguen y seguirán intactas, en los hechos han sido poco a poco colonizadas por la humanidad, ni siquiera por una sola nación.
Por eso, por increíble que parezca, en estos momentos la pregunta ya no es si Trump será o no candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, sino si vencerá en la elección de noviembre al actual presidente Joe Biden, y las encuestas señalan que tiene muchas posibilidades.
Lo que sucede hoy en Estados Unidos puede replicarse en muchas partes del mundo, incluyendo a nuestro país.
Pareciera que los ciudadanos están dispuestos a dejar pasar autoritarismo, autocracia e incluso y qué peligroso, tiranías, con tal de tener líderes que les digan y prometan lo que quieren escuchar, que se cumplan o no es otra cosa, pero incluso también por ahora están dispuestos a dejar pasar y no escuchar las mentiras de que se ha cumplido cuando no es cierto.
Y lo peor es que parece que la tendencia apenas inicia, la instalación de los líderes populistas se ha fortalecido en el inicio de esta década e históricamente períodos como estos suelen durar alrededor de un cuarto de siglo, todavía falta y lo que venga no sabemos si será la solución a los problemas que dejarán los populistas, o una nueva corriente llena de promesas que no se sabe si cumplirán.
Por lo pronto, sí, por increíble que parezca, Trump a la boleta y la elección presidencial de noviembre próximo en la mayor potencia económica de nuestros tiempos.