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Columnas
La campaña de la candidata de la oposición, desde su postulación hasta su derrota, se resumió en un solo día: este sábado 6 de julio, cuando, luego de difundir por todos los medios que impugnaría la elección a la Presidencia de la República, dejara plantados a los magistrados del Tribunal Electoral a la hora de comprobar su queja. Todo fue un chiste.
Las acusaciones rayaban en lo estrambótico, incluso a niveles patológicos. En resumen, mentiras que no pudo comprobar. La biografía, campaña, amenazas, aseveraciones en debates, tampoco fueron ratificadas.
Para denunciar a sus contrincantes utilizaba a la fiscalía y aun grupo de periodistas pero nunca ratificaba su denuncia, esos comunicadores nunca fueron capaces de darle seguimiento a las querellas, sólo fueron damas de compañía.
Eran acusaciones que los medios tomaban no sólo como ciertas sino como si un juez ya hubiera dictado sentencia sobre los personajes acusados por la candidata de la oposición, a quien nadie quiso detener a tiempo esa perorata expresada y difundida para desgastar pero no paga ganar elecciones. Sólo fueron actos de propaganda ante la carencia de proyectos.
Los medios, que no ocultan sus resentimientos contra la actual administración porque carecen del subsidio acostumbrado, daban como hechos consumados la acusación. Así que si alguien era señalado por corrupción el funcionario ya era un corrupto sin siquiera existir investigación de por medio, ya que se carecía de evidencia para iniciarla.
Los columnistas y analistas tomaban una acusación sin pruebas para sus contenidos y ofrecían un sesudo análisis sobre delitos inventados a los acusados que nunca fueron sentenciados. Ni siquiera hubo necesidad en los tribunales de argumentar presunción de inocencia, porque ni siquiera eran citados como indiciados porque no había ratificación.
Durante la campaña organizaciones corporativas y asociaciones se volcaron el alago por la candidata. Los medios la elevaron hasta el paroxismo siendo eco de las lisonjas y culto a un personaje que debería ser una vergüenza para todo el país.
Nunca engañó a nadie la candidata de la oposición, bastaba escucharla para saber quién era, pero lo medios la inflaron hasta que reventó. Así como deben hacer un examen de conciencia los partidos que la postularon, quienes votaron por ella también deben dedicar tiempo a la reflexión. El camino para demostrar la inconformidad con el gobierno no es mostrando simpatías por todo aquel que lo manifiesta públicamente sino a quien cuenta con un proyecto sólido y mediana inteligencia para sostener una lucha de la magnitud del cargo por el que se competía.
Aquellos que con la ingenuidad e ignorancia que les caracteriza apoyaron una idea no una candidata, hasta se disfrazaron de rosa, en las calles y anunciaron la inminente llegada del comunismo, ahora deben reconocerse como parte del engaño pero también como protagonistas de un chiste