En un país donde las emergencias suelen medirse por la magnitud del desastre y no por la capacidad de respuesta, el gobierno de la Ciudad de México, que dirige Clara Brugada Molina, da un gran paso tecnológico para mitigar el impacto de las emergencias. La Secretaría de Salud capitalina (Sedesa) en colaboración con la Organización Panamericana de la Salud (OPS-OMS) ya ponen en práctica el denominado Sistema Unificado de Urgencias, Emergencias y Desastres (Sismed 911).
La iniciativa, en apariencia técnica, implica un cambio estructural, digitalizar la gestión de emergencias, centralizar la información y coordinar en tiempo real ambulancias, hospitales y equipos médicos.
Documentos de la Secretaría de Salud capitalina, que dirige Nadine Gasman, en poder de este reportero, afirman que el Sismed 911 responderá a la necesidad de mejorar la respuesta prehospitalaria y fortalecer un sistema que todavía depende del heroísmo individual más que de la planificación colectiva.
De esta forma, el convenio entre el gobierno capitalino y la oficina que depende de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), representa una oportunidad para modernizar la atención de emergencias, salvar vidas y, erigirse como un sistema que podría replicarse en todo el país en un corto tiempo.
El paquete tecnológico --compuesto por ocho módulos interconectados-- permitirá coordinar traslados interhospitalarios, registrar datos clínicos en tiempo real y administrar recursos, como ambulancias y camas disponibles. Cada función parece diseñada para resolver los cuellos de botella que, durante décadas, han paralizado los servicios de respuesta a las urgencias.
El documento, signado por el gobierno capitalino y el organismo de la ONU, asegura que el sistema será una herramienta clave para construir un modelo de salud más integrado y eficiente. La afirmación cobra sentido en un país donde la fragmentación sanitaria ha costado vidas. La desarticulación entre instituciones —IMSS, ISSSTE, Insabi, Sedesa— ha generado duplicidad de funciones, pérdida de información y, sobre todo, demoras fatales.
De esta forma, el sistema Sismed 911 podría ser un puente entre esos mundos paralelos. Su éxito dependerá de que las dependencias públicas se atrevan a compartir datos, coordinar protocolos y romper inercias.
El sistema Sismed 911 --que ya se implementa en países como Panamá, El Salvador o República Dominicana-- muestra resultados alentadores, reducción en los tiempos de respuesta, mejoría en la coordinación entre unidades médicas y un uso más racional de los recursos. Sin embargo, en todos los casos, la clave ha sido la continuidad política y la supervisión técnica.
Si el Sismed 911 logra consolidarse, podría convertirse en una base de datos vital para el diseño de políticas públicas de gran calado en todo el país. Un registro digital confiable permitiría identificar patrones de violencia, accidentes y desastres, además de orientar en las decisiones preventivas de protección civil y en la seguridad ciudadana.
La capital del país enfrenta, además, un desafío estructural, la desigualdad territorial. No es lo mismo atender una emergencia en Polanco que en La Magdalena Contreras, donde la distancia entre el incidente y el hospital puede significar la diferencia entre la vida y la muerte. Un sistema digital, por sí solo, no puede corregir esa asimetría.
La tecnología puede modernizar, pero no sustituir la responsabilidad política. De poco servirá un tablero de control que rastree ambulancias, si los hospitales carecen de camas, insumos o personal médico disponible. La tecnología quizá sea el medio, pero la responsabilidad sigue siendo humana.
*Periodista | @JoseVictor_Rdz
Premio Nacional de Derechos Humanos 2017