Recientemente se han dado casos en los que las empresas de boletos dañan la reputación de artistas, equipos de fútbol y que de paso juegan con la salud emocional de los fanáticos. Tal es el caso de lo acontecido con boletos duplicados, falsos y la presunta corrupción que se dio en torno a los conciertos de Bad Bunny celebrados en el Estadio Azteca este fin de semana, hecho que me generó a mi y a miles de fans la inseguridad de no saber si tu lugar estará asegurado, aunque hayas pagado miles de pesos por canales oficiales.
Y es que en esta ocasión se evidenció lo que pasa en la cadena de venta de boletos Ticketmaster, pero en el caso de Súper Boletos también se viven situaciones de reventa, incluso en las inmediaciones en las que se realizará el evento.
En el caso de Ticketmaster, ya suman muchas quejas en relación a la sobreventa de boletos, mismos que son adquiridos por medio de revendedores.
Aquí la pregunta es, ¿cómo es que se terminan en minutos los boletos en la fase de preventa?, ¿quién regula las políticas que dan preferencia a Banamex?, y la más importante, ¿por qué los fans difícilmente consiguen boletos desde la preventa?
Es preocupante el tema de Ticketmaster, ya que está por realizarse el próximo mundial en México, y a lo que se observa, esta empresa de boletos deberá reestructurarse y olvidar las malas prácticas de la reventa, así como romper lazos con los revendedores.
Sería catastrófico un escenario en el cual los fanáticos, centrándonos en este caso en los extranjeros, sean estafados o no puedan siquiera adquirir un boleto para algún partido. Realizarían el viaje, pero, ¿podrían entrar a los partidos?
En caso de suceder lo anterior, lo primero que se dañaría sería la imagen de nuestro país, y más ahora que “se trabaja en combatir a la corrupción”. Pero, de igual forma, quedaría la duda para el mundo entero en sí acudir o no a México para la celebración de eventos como conciertos, Juegos Olímpicos, un Mundial, entre otros.
Es preocupante que esta empresa de entretenimiento juegue con el esfuerzo de los fanáticos, quienes incluso ahorran o se endeudan por meses para disfrutar de uno de sus eventos. No es justo que tiren a la basura el tiempo libre que las personas se dan para divertirse y gozar de unas horas de diversión, hecho totalmente contrario al que se ha venido viviendo, puesto que los clientes terminan con una mala experiencia, mal sabor de boca y la desilusión de no realizar ese sueño, de ver a su equipo, artista o banda favorita.
A los fanáticos se les ha negado ese momento especial que esperaron durante meses, que incluso, en bastantes ocasiones comparten con la familia, amigos o pareja. Por el bien del espectáculo y la salud emocional de los fanáticos, esperamos eventos sin fraudes, reventa o corrupción.