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Torreón: asesinato y educación

Torreón: asesinato y educación

Columnas viernes 24 de enero de 2020 - 01:01

Cuando la desgracia invade a las sociedades, el mejor momento para reflexionar sobre ella llega y los cuestionamientos a las instituciones inevitablemente aparecen. La historia del asesinato estudiantil en Torreón, y la turbulenta historia familiar plagada de oscuridades, de omisiones y de posibles hechos delictivos no puede evitar que nos preguntemos sobre la influencia familiar en nuestras vidas.
Es casi de sentido común apelar a esta institución nuclear, como columna vertebral del proceso formativo de todos nosotros. Es innegable que si la suerte nos acompaña, y nacemos en un hogar protector, dispuesto a la transmisión de costumbres favorecedoras que enaltezcan nuestras cualidades, las enriquezcan y se transformen en un insumo para nuestra sociedad, la familia habrá cumplido con creces su obligación educadora. El problema con el argumento mencionado, es cuando la suerte no sonríe, y la familia se transforma en una violenta institución transmisora de vicios, en donde los dones del conocimiento y los estímulos para el cultivo del alma pueden no solo no existir, sino prejuiciarlos y hasta motivar la reproducción de la marginalidad, la ineptitud, la violencia… miseria, en síntesis. Las familias también contribuyen a la manutención de todo eso que destruye el alma de la persona y de la sociedad.
La versión romántica de la familia se desmorona con ese terrible pasaje: la omisión de un abuelo ante el posible crimen del nieto; un padre involucrado con la delincuencia organizada, desobligado en la educación de su hijo… y así podemos remitirnos a tantos casos de abuso sexual, de violencia intrafamiliar, abandono y cuanta desgracia pueda añadirse. Los defensores a ultranza de la familia tradicional, con sus milenarios recursos, considero que deben de ponderar su visión hacia ella, despojarse algo del aro onírico y remitirse a la crudeza de hechos claramente confrontatorios con la ideología. Sin menospreciar lo que la familia tradicional tiene de virtuoso, debemos enfrentar lo vicioso, pues mucho de lo que como sociedad nos aqueja tiene su origen en la incapacidad de esta institución para crear los recursos básicos que construyan buenas personas y buenos ciudadanos.
El gran problema de la exclusión de las humanidades, en especial, de la filosofía en la vida común de las personas, y delegar esta disciplina crítica a los páramos sacrosantos de la academia, es el estado de orfandad intelectual bajo el cual son arrimados millones de ciudadanos con inteligencia agonizante. La filosofía es el recurso que permite el uso y el cultivo de la inteligencia para la vida, el principio fundante de nuestros sistemas políticos, económicos y sociales, sin los cuales, lo único que tenemos son entes desespiritualizados carentes de capacidad reflexiva: el tipo perfecto para el uso de tiranuelos, medios de comunicación chatarra, una sociedad de consumo soez y familias con criminales potenciales.

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/CR

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