Concluir una etapa de trabajo siempre obliga a mirar hacia atrás, a repasar lo que se ha hecho y a dimensionar lo que representa. Hoy, desde el Instituto Nacional Electoral (INE), celebro la culminación de los cinco foros regionales para la reforma al Reglamento de Radio y Televisión, un proceso que se convirtió en un ejercicio histórico de consulta.
Estos encuentros no fueron simples reuniones técnicas. Se trató de un esfuerzo genuino de apertura institucional, de escuchar y dialogar con concesionarias de radio y televisión, comerciales, públicas y sociales, así como partidos políticos y autoridades electorales. Fue la oportunidad de construir un puente entre lo que dicta la norma y lo que viven en la práctica quienes todos los días hacen posible el modelo de comunicación política en nuestro país.
Este proceso, impulsado bajo la Presidencia de la Consejera Guadalupe Taddei Zavala, representa también un cambio de enfoque en la forma de entender al INE. No solo como una autoridad normativa y reguladora, sino como un espacio de encuentro. Lo mencioné en una colaboración pasada: ser servidoras y servidores públicos significa trabajar con cercanía a la gente, asegurando que todas las voces encuentren un espacio para ser escuchadas.
Visitar cada circunscripción nos permitió reconocer la diversidad de realidades que enfrentan las concesionarias sociales. No es lo mismo transmitir desde un gran centro urbano que desde una comunidad rural; tampoco son iguales los retos de los medios públicos, comunitarios e indígenas. Por eso, escuchar directamente a quienes viven esas condiciones se volvió el corazón de esta consulta.
Las y los participantes nos recordaron que detrás de cada frecuencia y cada señal hay comunidades enteras que confían en esos medios para informarse, para reconocerse y para mantener vivas sus culturas. Y es precisamente ahí donde se juega uno de los valores más importantes de la democracia: la pluralidad de voces.
En un país tan amplio y tan diverso como México, no es menor que ciudadanas y ciudadanos decidan dejar sus actividades cotidianas para sumarse a un diálogo nacional. Su participación dio sentido a este ejercicio y nos recordó que la democracia solo es posible cuando se construye colectivamente.
También fue fundamental el respaldo de las Juntas Locales del INE, encabezadas por mujeres y hombres comprometidos con la institución, estos esfuerzos demostraron que, más allá de los debates públicos, el INE cuenta con personas servidoras públicas profesionales y profundamente comprometidas con México.
Este ejercicio abrió la posibilidad real de que todas las voces influyan en las decisiones para la reforma. Esa es la esencia de un ejercicio democrático auténtico: que quienes participan sientan que su palabra importa.
La democracia mexicana se sostiene en buena medida gracias a que instituciones como el INE entienden que no pueden decidir de espaldas a la ciudadanía. Abrir espacios de diálogo como estos foros no solo fortalece la legitimidad institucional, también envía un mensaje poderoso: que en México la democracia se construye escuchando.
Andrea Gutiérrez