La infraestructura hidráulica de la Ciudad de México, con más de un siglo de antigüedad, ha sido testigo de la evolución y crecimiento de una de las metrópolis más grandes del mundo. No obstante, a pesar de su importancia vital, esta ha enfrentado desafíos significativos que amenazan su capacidad para satisfacer las necesidades de la creciente población de la ciudad.
El Plan de Desarrollo Urbano de la Ciudad de México 2019-2024 reconoce la necesidad de mejorar la infraestructura de alcantarillado y garantizar el acceso a un saneamiento adecuado. Sin embargo, la implementación de acciones aisladas no es suficiente para abordar la magnitud de los problemas que enfrenta la ciudad. Se requiere un enfoque más integral para resolver estos retos.
En los últimos años, las autoridades han tomado medidas para mitigar los efectos devastadores de los fenómenos meteorológicos. Un ejemplo de esto es el Túnel Emisor Oriente, inaugurado en 2019, que ha ayudado a evitar una catástrofe mayor, al tener la capacidad de desalojar 150 metros cúbicos por segundo de agua, equivalente a llenar el Estadio Azteca en 2 horas y 30 minutos.
A pesar de estos esfuerzos, la ciudad sigue enfrentando problemas significativos. Los hundimientos en varias áreas de la metrópoli han propiciado zonas de encharcamiento, y el robo de cobre de los sistemas de bombeo, así como la basura que la gente arroja a la calle, han exacerbado los problemas de drenaje. En la red secundaria de drenaje, se retiran diariamente 280 toneladas de basura, lodo y arena, lo que suma 8 mil 400 toneladas al mes. Este problema subraya la necesidad de promover una cultura de conciencia ambiental para evitar que se arroje basura en las calles.
La contaminación del agua es otra preocupación importante. Las fallas en el sistema de drenaje pueden provocar la contaminación del agua, lo que a su vez puede dar lugar a la propagación de enfermedades peligrosas. La situación se agrava aún más por el hecho de que el sistema de drenaje ya es insuficiente debido al crecimiento acelerado de la ciudad, la falta de mantenimiento y el hundimiento progresivo del Valle de México. Un ejemplo trágico de las consecuencias de estos problemas fue la inundación de un hospital del IMSS en Tula, Hidalgo, en septiembre de 2021, que originó la muerte de 17 personas.
La temporada de lluvias ha provocado zozobra en el Valle de México, principalmente en las zonas en las que se han detectado riesgos por inundación o derrumbes. En la Ciudad de México son miles de familias las que viven en los dos mil 700 puntos de alto riesgo, en donde no solo está en peligro su vida, sino la posibilidad de perderlo todo. Las Alcaldías con mayores problemas de inundación son Iztapalapa, Gustavo A. Madero, Tlalpan, Xochimilco, Cuauhtémoc y Venustiano Carranza. En el Estado de México, en tanto, se identificaron 75 puntos que se encuentran en las cuencas del Río Lerma y del Río Balsas, así como en 61 municipios del Valle de México.
El fenómeno de calentamiento El Niño –que inició la semana pasada–, ya dio muestras del poder que tiene para provocar eventos climáticos extremos, temperaturas récord y fuertes lluvias. A pesar de ello, el gobierno federal no ha puesto en marcha una estrategia nacional para disminuir los impactos en la salud, los ecosistemas y la economía que podrían generar los fenómenos meteorológicos. Estudios recientes refieren que el cambio climático también podría empeorar el impacto de El Niño. Incluso señalan que la temperatura más cálida hace que se retenga más vapor de agua en la atmósfera y esto podría provocar que las inundaciones sean aún más devastadoras.
En días pasados los habitantes de la República Mexicana sufrieron las consecuencias de tres olas de calor que provocaron la muerte de 152 personas, y con el inicio de la temporada de lluvias se registraron inundaciones de hasta un metro, en vías primarias y secundarias de la Ciudad de México y en los municipios de Tlalnepantla, Naucalpan y Atizapán de Zaragoza en el Estado de México.
En respuesta a estos desafíos, las autoridades han identificado la infraestructura hidráulica como una de las prioridades para este año. Se están realizando esfuerzos para modernizar la infraestructura existente y desarrollar nuevas soluciones para mejorar la gestión del agua en la Ciudad de México. Entre los proyectos más importantes se encuentra la construcción de una nueva planta de tratamiento de agua en el oriente de la ciudad, que tendrá la capacidad de tratar hasta 23 metros cúbicos por segundo de agua residual.
También se está trabajando en la construcción de un nuevo acueducto que permitirá transportar agua desde fuentes más lejanas hasta la ciudad, lo que ayudará a aliviar la presión sobre las fuentes de agua locales. Además, se están realizando esfuerzos para mejorar la eficiencia del sistema de distribución de agua, con el objetivo de reducir las fugas y garantizar que el agua llegue a todas las áreas de la ciudad.
Sin embargo, estos proyectos por sí solos no serán suficientes para resolver todos los problemas. Es necesario un enfoque más integral que incluya no solo la mejora de la infraestructura física, sino también la promoción de una cultura de conservación del agua y la implementación de políticas que fomenten el uso sostenible del agua. Igualmente es crucial abordar el problema del robo de cobre y la basura en las calles.
El aumento de la población y la insuficiencia de infraestructura apropiada nos han conducido a una situación crítica en términos de saneamiento y calidad del agua. Es imperativo explorar las soluciones que se han implementado en otras naciones, actualizar el Sistema de Alerta Temprana, identificar y definir las obras de protección contra inundaciones y las estructuras necesarias. Además, a medida que la Ciudad de México se proyecta hacia el futuro, es esencial que se adopten medidas para asegurar que su infraestructura hidráulica pueda satisfacer las demandas de su población en crecimiento. Esto requerirá una mezcla de inversión en infraestructura, políticas sostenibles y educación pública. Finalmente, el éxito de estos esfuerzos dependerá de la determinación y habilidad de las autoridades para poner en marcha estos cambios, así como de la disposición del público para adoptar nuevas actitudes y comportamientos en relación con el uso del agua y la preservación del medio ambiente.
Exdiputada federal, asesora de la AC Impulsa y colaboradora del STUNAM