La tragedia que estremeció a Uruapan el Día de Muertos no debe usarse como argumento político o como consigna en redes sociales. El asesinato del presidente municipal, Carlos Manzo Rodríguez, no sólo lastima al pueblo michoacano, sino que hiere el ánimo nacional. Pero hay quienes, incluso antes de que concluyeran los peritajes, ya escribían titulares con filo electoral y mensajes con cálculo mediático. En la política mexicana, las tragedias también se usan para hacer ruido, y esa costumbre debe desaparecer.
Uruapan no es un municipio cualquiera. Es el corazón productivo del aguacate, pero también un territorio donde el crimen organizado ha intentado someter gobiernos, empresas y comunidades. En los últimos años, los alcaldes se han convertido en blancos de advertencia. Bien dicen que el poder local, cuando es honesto y firme, incomoda a los que viven del miedo. Manzo lo sabía y no dudó. Siguió siendo un político directo, con carácter, con discurso de mano dura y exigencia de apoyo federal. El apoyo llegó, pero algo falló.
El secretario de Seguridad Omar García Harfuch y la presidenta Claudia Sheinbaum lamentaron el ataque y ordenaron reforzar la seguridad en la región. Sin embargo, la oposición y ciertos medios no tardaron en fabricar un relato de “abandono” y “desprotección”. Esa narrativa, diseñada para debilitar la confianza en el Estado, omite que Michoacán arrastra décadas de violencia incubada por gobiernos que usaron la fuerza pública como negocio, y la seguridad, como botín electoral. Hoy quieren convertir un crimen en propaganda.
La guerra mediática que la oposición activa en cada tragedia, siempre busca desgastar al gobierno, sembrar miedo y desacreditar a la 4T. Buscan fracturar el tejido social y deslegitimar a la autoridad. Es irresponsable que desde los micrófonos se promueva la idea de un Estado ausente. La presidenta Sheinbaum ha sido clara: no habrá impunidad, y la justicia deberá alcanzarse sin manipular el dolor ajeno.
Lo que sí debe discutirse con seriedad, es la necesidad de revisar los protocolos de protección para autoridades locales en zonas de riesgo. No basta con enviar elementos federales: se requiere inteligencia territorial, coordinación interinstitucional y depuración de mandos municipales. La violencia política no se resuelve con escoltas improvisados, sino con una estrategia sostenida que rompa la cadena de complicidades que aún opera en los municipios.
Manzo representa a una generación de servidores públicos que no se escondieron. Su muerte, en plena jornada festiva, debe ser un punto de inflexión: ni el miedo ni la manipulación deben imponerse sobre la justicia. Si algo ha enseñado la Cuarta Transformación, es que la política no puede depender del terror ni de los titulares. Las decisiones deben tomarse con serenidad, con información y con la convicción de que la seguridad del pueblo es prioridad de Estado, no bandera de campaña.
En este momento de dolor, la prudencia es una forma de lealtad al país. Quien aprovecha para golpear políticamente, se convierte en cómplice del caos, del rio revuelto. México necesita justicia, no linchamientos mediáticos. La presidenta Sheinbaum debe mantener esa línea de firmeza y sensibilidad: no permitir que el crimen defina la agenda, ni que la oposición convierta la tragedia en consigna. La guerra sucia se combate con verdad, con resultados y con respeto.
Bien dicen que, en tiempos de luto, los responsables callan, los prudentes actúan y los carroñeros tuitean. México ya no puede darse el lujo de confundirlos.
ENTRE GITANOS
EL TURISMO EN EL CONGRESO
Del 15 de noviembre al 15 de diciembre, el Congreso capitalino recibirá propuestas para reconocer a quienes hacen brillar a la Ciudad de México. La “Medalla al Mérito Turístico” premiará a quienes impulsan el arte, la cultura, el deporte y el turismo sustentable. Ojalá que este reconocimiento ayude a preparar el camino rumbo al Mundial 2026, cuando la CDMX será vitrina mundial y el turismo, nuestra mejor carta de presentación.
*Especialista en Ciencia Política y Gobierno.
avilezraul@hotmail.com