Corría el mes de enero del año 2000 y un niño recibía su primera consola de videojuegos traída por los Reyes Magos; un Nintendo 64. Durante los siguientes meses y años, ese niño dedicaría varias horas a la diversión, el aprendizaje y la convivencia gracias al catálogo de videojuegos para menores de 12 años con que contaba la consola. Hoy, más de 20 años después, ese niño continúa jugando videojuegos de manera concurrente y considera que estos, cuando son utilizados adecuadamente, pueden ser una herramienta muy valiosa para el desarrollo de habilidades personales e interpersonales para cualquier persona. El niño del que hablo soy yo y, hasta hoy, cada vez que enciendo mi Xbox para relajarme después de un día de trabajo, todavía recuerdo con mucho cariño los tiempos en que jugaba Mario Kart con mi padre y Super Mario 64 con mis amigos de la cuadra. Así, considero que los videojuegos fueron parte importante del desarrollo de mi personalidad y coadyuvaron a convertirme en la persona que soy.
Los videojuegos son una de las temáticas que más duda y mitos genera entre padres, madres y cuidadores. Muchas veces, no sabemos con exactitud si son buenos, malos, violentos o simplemente una pérdida de tiempo para niñas, niños y adolescentes, por lo que solemos ser renuentes y hacer oídos sordos cuando ellos nos piden que les compremos una nueva consola o que descarguemos un videojuego en el celular para jugar con sus amigos.
Sobre estas consideraciones, apuntemos lo siguiente: por una parte no estamos del todo errados, pues debemos ser conscientes de que sí existen videojuegos que, por su naturaleza, características, temáticas, gráficos o lenguaje explícito, no deberían ser jugados por niñas, niños y adolescentes por muy de moda que estén; pero, por otra parte, debemos saber que el catálogo de videojuegos que existe hoy en día es sumamente amplio y que en ellos podemos encontrar importantes aliados, tanto para el aprendizaje como para la recreación.
Así, debemos mencionar la primera premisa elemental del tema de los videojuegos y de las tecnologías de la información y la comunicación en general, que es la tecnología, ya que forma parte de nuestras vidas. De esta manera, debemos comprender y aceptar que la tecnología nos acompaña desde hace muchos años y que, conforme transcurre el tiempo, dependemos cada vez más de ella. Por lo anterior, nuestro deber es adaptarnos y conocer de manera puntual qué podemos hacer para sacarle el máximo provecho.
Volviendo al tema de los videojuegos, comencemos por desmitificar la premisa de que estos solo son una pérdida de tiempo y que no aportan nada productivo. Lo cierto es que los videojuegos pueden jugar un papel importante en la adquisición y desarrollo de habilidades para niñas, niños y adolescentes, tales como el trabajo en equipo, la comunicación efectiva, la toma de decisiones, la priorización, la interacción con otros menores, la tolerancia a la frustración, la aceptación del fracaso y la importancia de ser perseverantes para alcanzar los objetivos que nos propongamos, entre muchas otras.
Lo importante de todo esto, es el enfoque y la disposición que mostremos para convertir a los videojuegos en nuestros aliados para el aprendizaje de los menores, al tiempo que ellos puedan desarrollarlas y ponerlas en práctica de una manera divertida sin sentir que se trata simplemente de otra lección escolar.
No obstante, también existen cuestiones que debemos abordar en materia de videojuegos, y ello es que, por el amplio catálogo de videojuegos y modos de juego con que se cuenta hoy en día, también existen riesgos que debemos conocer y mitigar.
Ahora es el momento de hablar de los videojuegos violentos, no sin antes señalar que estos deben estar restringidos para públicos mayores de 18 años, por lo que surge la interrogante de ¿cómo saber si el videojuego que estoy por adquirir es violento o apropiado para mi hija o hijo? La respuesta a lo anterior podemos dividirla en dos vertientes:
1) Por la clasificación del videojuego: Cuando adquirimos un videojuego, ya sea en formato físico, digital o mediante la tienda de aplicaciones de nuestro dispositivo móvil, podemos identificar la edad o el público para el que se recomienda dicho videojuego. Esta clasificación se encuentra en la parte trasera de la caja del videojuego (en el caso de juegos en formato físico) o en la página de descarga del videojuego que pretendemos adquirir (en el caso de juegos en formato digital). De esta manera, antes de permitir que nuestras niñas, niños y adolescentes jueguen el videojuego que ellos quieran, nosotros como padres, madres y cuidadores podemos cerciorarnos de que lo que estamos adquiriendo es acorde y recomendado para su edad.
2) Investigando sobre el videojuego en internet: Hoy en día, casi cualquiera cuenta con una reseña en internet, sobre todo cuando es un videojuego de moda, por lo que no nos debe costar trabajo conseguir más información sobre la temática que versa, el lenguaje que se utiliza, el tipo de gráficos que contiene y las “misiones” que se tienen que realizar en él. De esta manera, nosotros de propia mano podemos dirimir si el contenido del videojuego es apropiado para nuestra hija o hijo de acuerdo con nuestros propios parámetros.
Ahora bien, ¿Qué otros riesgos debemos tener en cuenta? Podemos comenzar mencionando que hay videojuegos que requieren interacción en línea con otras personas, por lo que siempre debemos estar al tanto de qué tipo de videojuego es el que jugarán niñas, niños y adolescentes y, en caso de que éste requiera interacción adicional con otras personas, encontrarnos con ellos en todo momento mientras lo jueguen. Por otra parte, también debemos considerar que muchos videojuegos modernos contienen compras de contenido adicional dentro de ellos, por lo que debemos mantenernos al pendiente de ello para evitar situaciones de compras no autorizadas o compras desmedidas de contenido. De la mano de lo anterior, debemos saber que existen personas que se dedican a la venta de cuentas con contenido avanzado para ciertos videojuegos, lo cual puede ser un factor de riesgo de engaños o estafas; es importante conocer esto para saber cómo reaccionar en caso de que la situación se presente ya quedará en nosotros decidir si compramos la cuenta avanzada de un tercero. Por último, podemos considerar también como un factor de riesgo el que los menores comiencen a hacer un uso desmedido de los videojuegos y que ello comience a interferir con su vida personal, académica o familiar, por lo que también será necesario establecer mecanismos de control y negociación respecto del uso de los videojuegos.
Dicho lo anterior, ¿Qué podemos hacer para hacer de los videojuegos unos aliados y no unos enemigos? Existen diversos mecanismos que podemos poner en práctica para lograr una convivencia armoniosa entre adultos, menores y videojuegos:
1) Establecer reglas: No hay nada más importante que tener reglas para el uso de los videojuegos.
2) Definir horarios: No es mentira que los videojuegos pueden absorber mucho de nuestro tiempo personal, por ello es importante que dentro de las reglas consideremos un límite temporal adecuado.
3) Conversar sobre el tema: Los videojuegos no deben ser una materia abstracta de la que nosotros como adultos a cargo de menores seamos ajenos.
4) Negociar sobre su uso: Si bien está en nosotros definir las reglas iniciales sobre el uso de los videojuegos, también puede existir un punto de negociación del cual todas las partes se vean beneficiadas.
5) Conocer los controles parentales: Cada consola de videojuegos requiere de la creación de una cuenta para poder ser utilizada. En este punto, debemos tener claro que la cuenta que se debe registrar no debe ser la del menor, sino la nuestra (padre, madre o cuidador), para hacer un uso efectivo de los controles parentales con que cuentan estos dispositivos.
6) Seamos parte de los videojuegos: No por no haber jugado videojuegos anteriormente consideremos que no podemos hacerlo. Basta con dedicarle una o dos horas para aprender cómo jugar un videojuego y convertir de esta manera los ratos de ocio y recreación de niñas, niños y adolescentes en una actividad familiar. Como lo mencionaba al principio de esta nota, al día de hoy, yo recuerdo con mucho cariño las risas interminables mientras jugaba con mi padre.
Para concluir, espero que estas líneas sirvan para ilustrar un poco más acerca del mundo de los videojuegos y que pueda coadyuvar para entender más acerca de su uso, sobre todo de cara a las posibles peticiones de los Reyes Magos por la consola de moda o por el nuevo videojuego lanzado. No tengamos miedo de los videojuegos, pues estos llevan con nosotros desde hace más de 50 años y difícilmente desaparecerán. Lo más importante es mantener una mente abierta y saber convertir una temática aparentemente controversial, en una actividad de la que todos saquemos provecho, diversión y educación.