Para certificar su desapego al poder político, que lo ubica en un plano histórico distinto, recordemos dos frases de Villa que lo pintan de cuerpo y alma enteros, ambas de 1914: “Yo no necesito puestos públicos porque no los sé lidiar…yo muy bien comprendo que la guerra la hacemos nosotros los hombres ignorantes, y la tienen que aprovechar los gabinetes...” “Los destinos de la patria están en tus manos y las mías… y como yo soy un hombre oscuro, tú serás el Presidente”.
Invadió Columbus, Nuevo México, en marzo de 1916. Dice Krause: el guerrero se había convertido en Guerrillero. Dijo Villa: “Los Estados Unidos quieren tragarse a México…vamos a ver si se les atora en el gaznate.” No sólo la nación agredida respondió con la famosa expedición punitiva, encabezada por el General Pershing, sino que Carranza desplegó tropas en su búsqueda. Ambos fracasaron. Enfrentar (perseguir) a Villa en su zona de control, de la que se sabía los recovecos, fue estrepitosamente infructuoso. En tres meses de búsqueda no lograron nada.
Muerto Carranza (1919) y con los sonorenses en el poder, a quienes Villa respetaba, se les rinde en 1920. Con las garantías que le ofrece el Presidente De la Huerta, se confía. Empieza a salir de Canutillo, si bien aún escoltado. En uno de esos viajes, en julio de 1923, se dirige a Parral a algún evento social o a dictar su testamento.
Cuando baja la guardia, lo encuentra la muerte. Un grupo de forajidos apertrechados en una casa lo espera para asesinarlo. Al volante, el guerrero no percibe el peligro. Al verlo tomar la Avenida Juárez, le dejan caer cientos de tiros, según algunas fuentes. Uno de los asesinos se acercó a unos pasos del cuerpo inerte de Villa y se cercioró de que contara con el tiro de gracia.
Taibo cuenta que los villanos se alejaron a caballo sin prisas y que inclusive, entre risas, se dijeron: “¿De qué te apuras? ¿Quién va a venir por nosotros?”. Eso revela un diseño premeditado, efectivamente, pero también apoyos de alguna autoridad. Tan es así, siempre según Taibo, que las investigaciones tardaron en empezar y más en terminar.
La epopeya villista se mantiene vigente. La opresión promueve la rebelión. La represión desata la revolución. ¿Forajido o líder social? ¿Guerrillero o General victorioso? John Reed lo dijo: “Villa es la revolución.” Se refería a que el duranguense encarnó la indignación de los desposeídos. Enfrentó al poder sin aspirar a ejercerlo.
Para mayor agravio, algunos años después de sepultado, alguien profanó la tumba y se robó la cabeza del caudillo. Seguro que, si se trataba de estudiar el cerebro de Villa, no les sirvió de nada. La respuesta estaba en el corazón, que solo quería justicia.
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