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Xi Jinping contra el mundo

Xi Jinping contra el mundo

Columnas miércoles 22 de julio de 2020 - 00:39

China asume una actitud confrontacionista en su política exterior. Tras muchos años de ejercer “una diplomacia sutil, pero perspicaz, dedicada a garantizar el ascenso pacífico y silencioso al estatus de gran potencia”, según la línea dictada por Deng Xiaoping, ahora vemos agresividad y prepotencia bajo el liderazgo de un ambicioso “hombre fuerte” quien no duda ni un segundo en encararse con otros países para cumplir, a ultranza, su anhelo de hacer de China el país más poderoso y rico del planeta para el año 2049, centenario de la fundación de la República Popular.
La nueva generación de diplomáticos chinos es conocida como los “lobos guerreros”. Son contestatarios y hasta groseros en su empeño por defender las posiciones de Pekín. Nada conservan de los embajadores de la China de antaño, caracterizados por su discreción.
En aras de “Hacer a China otra vez grande”, Xi ha estrechado el cerco sobre Taiwán, hizo aprobar para Hong Kong una férrea Ley de Seguridad Nacional para “combatir el secesionismo y la injerencia extranjera”, disputa de forma crecientemente violenta la soberanía de aguas territoriales estratégicas con sus vecinos del sudeste asiático, se enfrentó con India en el incidente fronterizo más sangriento en 50 años y se lleva mal con Japón, Australia y Canadá.
En el ámbito interno reprime movimientos separatistas en el Tíbet y Sinkiang, la región occidental del país en la que viven los uigures, una minoría musulmana la cual se ha convertido en objetivo de una inicua campaña de internamiento en campos de “readiestramiento ideológico”.
En el renglón económico, China se ha propuesto ponerse a la cabeza de la carrera tecnológica. Ya lidera el desarrollo del 5G y hace progresos en la exploración espacial. También impulsa el ambicioso proyecto de la “Nueva Ruta de la Seda”, macroproyecto comercial y de infraestructuras de enorme trascendencia geoestratégica diseñado para ubicar a China como eje central de las dinámicas internacionales. Así, Xi se convertiría en la personificación de la imagen clásica del emperador gobernante “de todo cuanto hay bajo el cielo”.
Pero, ¿es necesaria tanta agresividad para alcanzar este objetivo? ¿No bastaría con la buena administración del “poder blando” preconizada por Deng Xiaoping? Muchos expertos opinan que la asertividad china se debe a presiones internas resultado de la pandemia y la ralentización económica. Xi pretende disipar cualquier sensación de una “China debilitada”.
Tanta agresividad provoca la desconfianza de la comunidad internacional. La India ha prohibido 59 apps chinas (entre ellas la popular TikTok), el Reino Unido ha retirado su participación en la red 5G, Japón y Taiwán se rearman y sus empresas empiezan a abandonar China, Estados Unidos diseña nuevos trazados para sus líneas de suministro. La prepotencia, producto de la inseguridad, le puede salir cara a Xi.


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