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En la noche del cuerpo de un sarcopto

En la noche del cuerpo de un sarcopto

Suplemento viernes 18 de enero de 2019 -

ALEJANDRO ARTEAGA



“El libro que describiera a un hombre con todas sus anomalías sería una obra de arte similar a una estampa japonesa en la cual se ve eternamente la imagen de una pequeña oruga vista una vez a una hora particular del día”, escribió Marcel Schwob en Vidas imaginarias.


En resumen, el miedo. Si algún fantasma atraviesa desde la primera hasta la última página de Solenoide, la penúltima novela vertida al español del escritor rumano Mircea Cărtărescu, es el miedo, el miedo en todas y cada una de sus formas; el miedo a la derrota vital, al dolor físico más profundo; el espanto de saberse ínfimo en una perenne sucesión de universos que reproducen, a su vez, una estructura piramidal de dominio e ignorancia abrumadores y fascinantes.


“Sobre este libro se escribirá […] sin que lleguemos a tener nunca la impresión de haber contemplado suficientemente su mecanismo, de haber entrevisto sus tramas”, sentencia Marius Chivu en el posfacio y yo lo comparto, pues difusos y erráticos me parecen los intentos que he leído por referir lo que este volumen cuenta, tarea titánica para quien la emprenda, excepcional para una novela inabarcable y totalizadora como la del rumano. Por tanto, confeccionar una sinopsis justa y acaso útil de esta novela, cuya trama principal pareciera ocurrir dentro del oscuro y destellante cráneo del narrador y protagonista, es una empresa sin destino. A pesar de todo, habrá que arriesgarse.


El libro posee una forma abismada pues, en realidad, lo que leemos es el manuscrito dispuesto en cuatro cuadernos por un sujeto que ante el rechazo social y literario se hace de una vida alternativa a la del escritor exitoso y célebre, un manuscrito que incluye confesiones, reflexiones, sueños enteros y lúcidos, pesadillas infernales, relatos, crónicas de sucesos, génesis y apocalipsis, leyendas que muestran o intentan revelar los sótanos, las habitaciones interiores, paranoicas y delirantes, los síntomas de la patología universal de un hombre.


Así, el relato se estructura alrededor de la vida de un muchacho bucarestino, lector enfermizo, poeta en ciernes —alter ego del mismo Cărtărescu—, y su fracaso en el cenáculo literario más importante del país con la lectura pública de un largo poema de título premonitorio, “La caída”, el cual produce entre sus pares burlas y agrias críticas que caen como un manto negro sobre su futuro inmediato. A partir de ese suceso, el protagonista abandona en definitiva la literatura y se enrola como profesor de rumano en una humilde escuela de educación básica situada en los miserables suburbios de la ciudad. Entonces, sobrevendrá un alud: el relato por momentos hiperrealista o surrealista, en otros enteramente fantástico, de los sucesos de la vida privada y secreta, incluso anónima, animal, del muchacho; un relato que se sostendrá en la enumeración de anomalías en principio físicas y más tarde emocionales, las cuales hallarán reflejo en la forma de una Bucarest desvencijada, una urbe concebida originalmente como una ruina, y cuya secuela extraordinaria se cifrará a partir de media docena de solenoides emplazados estratégicamente en su geografía.


Lo dicho, quien pretenda reducir esta novela se halla destinado al fracaso. Su resumen más acabado es la reunión de todas sus frases.


Si bien en ocasiones la trama peca de una descarada cursilería, una insistencia chocante con el sufrimiento y en probables y cínicas contradicciones discursivas, el peso superior del relato no las disculpa, las vuelve incluso necesarias.


Una gran derrota no es que un poema no triunfe entre los lectores más destacados de una tradición; la derrota primordial, parece decirnos Cărtărescu, se halla en lo minúsculo, en lo invisible, en el desconocimiento de los procesos biológicos, químicos y físicos de la vida social no sólo de los hombres sino de los objetos, las fuerzas instintivas, los seres vivos sin razón, el animal descarnado y microscópico que vive en nuestro cráneo como una inconsciente larva (“Me desperté en la noche del cuerpo de un sarcopto”), acosado por sueños aterradores y paradójicos, visitadores incisivos e identidades agazapadas, abducciones, piquetistas ideológicos, fábricas en ruinas que alojan un prodigio, el sublimado amor cortés vuelto zozobra, secreciones siderales, elucubraciones metafísicas, libros crípticos, casas en forma de barco e instituciones de retiro sanitario.


No conocemos aún la obra completa en español de Cărtărescu, pero en los libros a mano, Nostalgia, El Levante, Las bellas extranjeras, Lulú, El ojo castaño de nuestro amor, El ala izquierda —primera de tres partes de su proyecto más ambicioso, Cegador— ya se vislumbra un mundo inconmensurable e inquietante, una prosa sin parangón en la historia contemporánea de la literatura, una obra que Solenoide no sólo confirma sino expande hacia territorios aparentemente inexplorados.


Sin temor a equivocarme, Solenoide se tornará —o ya lo es secretamente para algunos— una novela de culto. No sé si se convertirá en un clásico pues eso lo decide el tiempo. Sin embargo, es evidente la jugada mayúscula del autor rumano; ha confeccionado una obra ardua, una novela que le demanda al lector un esfuerzo agotador e importante, pero a cambio le depara una recompensa superior: la de vivir junto con su protagonista escenarios y circunstancias inéditos y asombrosos, imágenes insólitas, el verdadero recorrido de un cráneo, el de un escritor que no pretende una gran aventura exterior sino introspectiva, allí donde los seres más hermosos deambulan con gracia sin igual y, al tiempo, las peores bestias de pesadilla lo amenazan y condenan.




Mircea Cărtărescu, Solenoide


Posfacio de Marius Chivu, traducción de Marian Ochoa de Eribe


Madrid, Impedimenta, 2017, 800 pp.


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IM/CR

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