La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente. No se trata de un conflicto presupuestal o de una huelga estudiantil, que forman parte de la tradición política de la máxima casa de estudios. Lo que hoy está en juego es algo mucho más profundo: Su credibilidad.
Considerada una de las mejores universidades en el mundo y el mecanismo de acceso al mérito académico, superación y movilidad social en México, hoy, la inteligencia artificial(IA) la puso en jaque. La sospecha de que cientos o incluso miles de aspirantes utilizaron herramientas de la IA para obtener ventajas indebidas durante el examen de admisión en línea la colocó frente a un dilema histórico.
La decisión de suspender las inscripciones de más de 158 mil jóvenes y conformar un comité técnico para revisar los resultados no tiene precedentes. Sin embargo, el verdadero problema no es solamente determinar quién hizo trampa, sino reconocer que la universidad llegó tarde a una revolución tecnológica que transformó las reglas del juego mucho antes de que las autoridades universitarias estuvieran preparadas para enfrentarlas.
Durante años, la UNAM construyó un prestigio basado en la idea de que ingresar a sus aulas era resultado exclusivo del esfuerzo individual. Como orgullosa egresada “puma” doy testimonio de lo que representa prepararse para el examen. Miles de estudiantes dedican meses a prepararse para un examen altamente competitivo, conscientes de que apenas una fracción logrará un lugar en el nivel bachillerato o universitario.
Ese esfuerzo y compromiso ético entre la institución y la sociedad descansa sobre una premisa sencilla: todos compiten bajo las mismas condiciones. Hoy esa premisa se ha fracturado. La inteligencia artificial no solo modificó la manera de estudiar, también alteró radicalmente las posibilidades de hacer fraude.
Reducir esta crisis a un asunto de jóvenes tramposos, sería una lectura simplista que evade la responsabilidad institucional. Las universidades tienen la obligación de anticipar los cambios tecnológicos, no de reaccionar cuando el daño ya está hecho. La inteligencia artificial no apareció hace dos meses. Desde hace varios años especialistas en evaluación educativa advertían que los sistemas tradicionales perderían confiabilidad conforme estas herramientas se masificaran.
La pregunta inevitable es por qué una institución del tamaño y prestigio de la UNAM no previó un escenario que hoy resulta evidente y pone en riesgo su prestigio y credibilidad.
Así las cosas, la verdadera prueba no la están presentando los jóvenes que buscan ingresar a la UNAM. La está presentando la propia universidad. Y el país entero observará si la institución que ha sido símbolo de excelencia académica es capaz de defender el valor del mérito en la era de la inteligencia artificial o si, por el contrario, termina siendo otra víctima de una revolución tecnológica que llegó para quedarse.
@guillegomora