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Columnas
Recuerdo bien que Santiago Oñate Laborde, abogado de la UNAM, como primer Procurador de Protección al Ambiente, nos dijo en un desayuno con los ecologistas en 1993 en un salón del conocido centro denominado University Club of Mexico, en la Avenida Paseo de la Reforma No.150 Colonia Juárez, Alcaldía Cuauhtémoc en la Ciudad de México. Todavía no llegaba Greenpeace a México. Era el Movimiento Ecologista Mexicano, A.C. en grupo más importante en esos momentos que luchábamos por la protección ambiental pero para evitar los daños a la salud de la contaminación química.
Claramente nos dijo: si ustedes los ecologistas no denuncian todo lo que conozcan y sepan que está contaminando el suelo, el agua y el aire ambiente deben denunciarlo ante esta Procuraduría.
Sin ustedes esta PROFEPA no tiene sentido. Por supuesto que yo le tomé la palabra: he presentado mas de 200 denuncias ante dicho organismo desconcentrado de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, (SEMARNAT). Que es la cabeza del sector ambiental federal.
Pero conociendo las plantas de Pemex y CFE, por mis actividades de distribución de sustancias químicas desde 1976 hasta 1994, sabía que generaban una gigantesca contaminación.
Por esa razón aproveché el momento y le hice la pregunta difícil: qué va a hacer la nueva PROFEPA con las dos empresas paraestatales Petróleos Mexicanos y la ComisiónFederal de Electricidad. A lo que rápidamente contestó: por supuesto que tendrán que cumplir con todas las nuevas normas, leyes y reglamentos en materia ambiental, esa respuesta simplemente quedó en un buen deseo.
Desafortunadamente lasadministraciones de Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo Ponce de León, Vicente Fox Quesada, Felipe Calderón Hinojosa y Andrés Manuel López Obrador nunca invirtieron el dinero necesario para la renovación de los equipos y sus respectivas reconfiguraciones de las seis refinerías de Petróleos Mexicanas, permitiendo que se hayan convertido en chatarra.
Con toda certeza puedo decir que jamás han cumplido con ninguna norma oficial mexicana, ni leyes, ni reglamentos en materia ambiental.
En un cálculo muy conservador puedo decir que ambas “empresas de los mexicanos”pero que son administradas a discreción los Presidentes de la República, sin que nosotros podamos hacer nada para evitarlo. En estos últimos 36 años debieron haber emitido cuando menos 100 millones de toneladas de emisiones altamente tóxicas al aire ambiente envenenando a cientos de miles de mexicanos.
*Carlos Alvarez Flores, Presidente de México, Comunicación y Ambiente, A.C. Experto en Gestión de Residuos y Cambio Climático www.carlosalvarezflores.com y Twitter @calvarezflores