En la casa, en la escuela, en la calle, en la fiesta, durante el trabajo, “platicando” con los amigos, comiendo, y hasta durmiendo o dándonos una ducha, el móvil ha pasado de la necesidad, como recurso válido, a la dependencia más enfermiza, resulta una extensión de nosotros, como otro brazo. Mientras caminamos o manejamos, esta herramienta se torna imprescindible. Hoy en día hasta existen centros de rehabilitación para co dependientes al wifi. La ciencia ficción está rezagando a la realidad, y en la actualidad la era de la información ha hecho creíble que podamos acceder cada vez más a millones de datos, pudiendo procesarla y compartirla a la velocidad que viaja una onda electromagnética. El 9 de enero de 2007 nuestra vida cambió. Ese día Steve Jobs presentó al mundo el primer iPhone. Y en 2024 todo ha sido una revolución. Con tantas aplicaciones, plataformas, buscadores, redes, imágenes virtuales, juegos, resulta difícil desapegar la mirada de la pantalla, se torna un placer que conlleva recompensas para quienes no dejan el celular ni un minuto; desde que amanece hasta que anochece, desde el mismo momento en que lo prende y comienza a navegar por mares y ríos de tanta información, imágenes, videos…Seguro en este mismo momento que lees este texto (seguro en tu pantalla), también tu atención está enfocada en textear o interactuando con alguien), ¿cierto? Una herramienta tan valiosa, hoy en día se ha vuelto el detonante para que bastantes personas tengan insomnio, ansiedad, estrés, inapetencia y tantos males de moda.
De hecho existe la nomofobia, que es el miedo irracional de salir a la calle sin el móvil, de no tenerlo cerca. Como el Covid, las nuevas tecnologías llegaron para quedarse, y se tornan necesarias para muchas actividades, pero el mal uso que muchos hacen de éstas, ha disparado las consultas con los terapeutas. La adicción al wifi genera en muchas personas algunos síntomas parecidos a los del alcohol o el cigarro, pues los mecanismos que la sustentan, que la activan y que la mantienen son similares:
Sensación de relajación y placer al usarlo.
Consumo compulsivo de dispositivos, plataformas y más de 24 horas de uso. El adicto no controla, el móvil mueve los hilos.
Los hábitos de vida se alteran: familia, trabajo, ejercicio, convivencias, paseos, actividades, rutinas, hobbies que se modifican para pasar más tiempo junto al Smartfhone; vivir fuera de él, imposible.
Olvidarlo en casa crea ansiedad, frustración, irritabilidad, nerviosismo, dolor de estómago y hasta taquicardia.
La adicción al móvil ya es una pandemia, y como tal incluye tratamiento médico, de interacción, de terapia individual, de autocontrol. Afuera del wifi, queridos lectores, hay bastante vida, amigos, lecturas, charlas prolongadas. Es urgente que todos regresemos un poco al tiempo de calidad con la familia, con los amigos, a las charlas sin distracciones.