El cambio climático es una amenaza global que requiere la atención y acción inmediata de todos los sectores de la sociedad. En México, esta crisis ha intensificado los problemas existentes y ha revelado nuevas vulnerabilidades. Sin embargo, la respuesta política parece estar más centrada en las próximas elecciones presidenciales que en abordar estos desafíos urgentes.
Las recientes olas de calor en México han tenido consecuencias mortales, con 30 personas fallecidas y graves afectaciones al suministro de agua y energía eléctrica. Estos eventos extremos son un recordatorio de que el cambio climático no es un problema futuro, sino una realidad presente que requiere una acción inmediata y decidida.
A pesar de ser signatario del Acuerdo de París, México no ha cumplido plenamente con sus compromisos. Según el Reporte de Transparencia Climática 2020, somos el segundo país que más subsidia a los combustibles fósiles, a través de Petróleos Mexicanos (Pemex) y la Comisión Federal de Electricidad (CFE), lo que contradice el compromiso del G20 de eliminar el carbón de la matriz energética.
Las olas de calor también han revelado la falta de preparación de las instituciones públicas. Muchas escuelas, hospitales y oficinas gubernamentales no estaban equipadas con aire acondicionado o ventiladores, lo que afectó el desempeño de los estudiantes, profesores, trabajadores y pacientes. La escasez de agua embotellada, hielo y ventiladores puso en riesgo la salud de la población.
La respuesta del gobierno a los apagones y la escasez de agua ha sido insuficiente. A pesar de las garantías del presidente Andrés Manuel López Obrador de que nadie se quedaría sin energía eléctrica, la realidad es que la infraestructura energética del país necesita inversiones urgentes.
Especialistas en temas energéticos señalan que los apagones son consecuencia de la falta de inversión en la infraestructura necesaria para aumentar la generación, transmisión y distribución eléctrica.
De hecho, se esperaba que la inversión anual en energía limpia tuviera un incremento de 24 por ciento entre 2021 y 2023, lo que indica un reconocimiento creciente de la necesidad de modernizar y diversificar la matriz energética de México.
El problema, aseguran, es que el gobierno ha detenido las inversiones en energías limpias. Sin embargo, el país ha mostrado un incremento en la generación de energía limpia de 5.7 por ciento, al pasar de 25.5 por ciento a 31.2 por ciento entre octubre de 2021 y finales de 2022. A pesar de esto, aún queda mucho por hacer para alcanzar la meta del 35 por ciento de generación de energías limpias para 2024, como se comprometió México con la firma del Acuerdo de París en 2015.
Actualmente, nuestro país cuenta con centrales eléctricas viejas, ineficientes y contaminantes. Además, los volúmenes de energía hidroeléctrica que se ha generado en los últimos años han sido muy altos y se han vaciado las presas muy rápido, por lo que llegamos a la temporada de sequía con poca agua y electricidad. Este es un claro indicativo de la necesidad de una gestión más sostenible y eficiente de los recursos hídricos y energéticos del país.
Debemos aspirar a una economía de bajas emisiones contaminantes y resiliente al clima que impliquen inversiones para modernizar el sector energético y con impactos positivos no solo en materia ambiental, sino en la economía y el aspecto social.
La transición hacia una economía baja en carbono no solo ayudará a México a cumplir sus compromisos internacionales en materia de cambio climático, sino que también puede impulsar la innovación, crear empleos y mejorar la salud pública.
La cruda realidad –una constante ineludible que, como un espejo, refleja nuestras acciones y decisiones–, nos indica de forma descarnada que la crisis climática que hoy enfrentamos, requiere de acciones inmediatas y decididas.
Y no, no se trata de una simple cuestión partidista ni electoral, sino que un problema muy grave que afecta a todos los mexicanos, independientemente de su afiliación política. De ahí que es hora de que los líderes políticos hagan a un lado sus diferencias y trabajen juntos para abordar esta crisis, porque hay que reconocer que la supervivencia y el bienestar de las generaciones futuras, dependen de las acciones que tomemos hoy.
El cambio climático es una desoladora certeza que ya estamos viviendo y a todas luces resulta alarmante e ineludible. Sin embargo, también es una oportunidad para innovar, para crear una economía más verde y sostenible, y para construir una sociedad más justa y equitativa. No podemos permitirnos el lujo de ignorar esta crisis. Es hora de actuar.
Exdiputada federal, asesora de AC Impulsa y colaboradora del STUNAM