Ante la posibilidad de que los regímenes progresistas no sólo se unan sino que constituyan un frente común en América Latina, la derecha se arma y actúa contra los que considera sus enemigos.
El asesinato del Presidente de Haití, con mercenarios como autores materiales y con la manufactura clásica de la CIA y la colaboración de Colombia; Mauricio Macri envió material bélico al régimen de Jeanine Áñez para reprimir a los bolivianos durante su periodo de gobierno, donde el ex presidente argentino puede alcanzar cadena perpetua; en Perú, Keiko Fujimori impugnó el triunfo de su contrincante Pedro Castillo en todos los tribunales dentro y fuera de su territorio; las protestas en Cuba como advertencia a los electores de América Latina de lo que sucedería si votan por partidos de izquierda; se ocultan los delitos comunes de los políticos detenidos en Nicaragua, que quieren aparecer como perseguidos de conciencia, son sólo algunos ejemplos.
En todos estos casos las cadenas de medios de información son el conducto de una visión muy definida. En este momento Chile o Colombia están peor que Venezuela o Cuba en cuanto pobreza, reducción de libertades, cancelación de derechos, restricciones individuales, derechos violentados, pero nadie lo publica. La prensa internacional destinó espacios destacados para el régimen de Chile, como ejemplo a seguir, donde el distractor de la nueva Constitución para borrar las huellas de la dictadura militar, intenta ocultar al mundo los conflictos sociales de ese país.
Es decir, la derecha va perdiendo terreno en América Latina pero asegura que va ganando, como sucede en México con los comicios recientes. La caída de Bolsonaro en Brasil, a través de un juicio político, parece un hecho, la derecha lo abandonó por su negligencia en la compra de vacunas.
La derecha trabaja sin fronteras y coordinadamente intensificando sus acciones desde la llegada de Joe Biden a la presidencia del vecino país; los regímenes progresistas se atraen pero también se repelen. Encuentran diferencias en matices mínimos que en otros tiempos parecieran intrascendentes como el acercamiento o distanciamiento a la democracia, al socialismo o a la izquierda.
Los hilos de la derecha penden y dependen de quienes en realidad gobiernan Estados Unidos. Ninguno de estos hechos está fuera de sus acciones recientes, ya sea a través de gobernantes desleales a su país o directamente, y ahora incuso se vale de mercenarios para no dejar un rastro directo y evidente de sus acciones.
Es tiempo de la regionalización nacionalista, de crear un mundo encada espacio del planeta y en América Latina puede haber no sólo intercambio comercial, sino bancos comunes, cuyos socios sean los países de esta parte del continente que muestren y demuestren independencia de lo que fue el imperio y lo que pudo haber sido la consolidación de la globalidad.