Acaba de fallecer Carlos Martínez Hurtado, mejor conocido en los bajos fondos como Carlos Hurtado (por alguna razón no le gustaba su apellido paterno), personaje que ejerció un poder casi absoluto dentro del futbol mexicano por más de dos décadas. A pesar de ello, muy poca gente sabía y sabe de él, porque siempre operó en las sombras, nunca le gustó la publicidad ni atraer sobre sí la atención. De hecho, en toda su vida sólo concedió un par de entrevistas, una de ellas a José Ramón Fernández en el programa “En Caliente”.
Pero, ¿quién era y qué hizo Carlos Hurtado?, veamos:
En su juventud intentó ser futbolista profesional y llegó a militar en el Puebla, pero, la verdad era bastante limitado y no tuvo éxito, de manera que decidió dedicarse a la promoción y representación de jugadores. Gracias a su amistad con el que fuera su técnico, Manolo Lapuente (que también falleció hace unos días), entró en contacto con varias directivas. Hurtado poseía una personalidad carismática, era muy agradable, encantador y sabía enamorar a la gente, gracias a lo cual se le abrieron muchas puertas.
Hacia mediados de los años ochenta comenzó a tener una presencia cada vez más fuerte como representante. Hábilmente fue tejiendo una vasta red en la que intervenían todos los eslabones de la cadena en la compra-venta de jugadores y directores técnicos; para los años noventa tenía un control casi total dentro del futbol mexicano. Se puede decir que era una especie de titiritero que movía los hilos del poder. La representación es un negocio multimillonario que lo convirtió en un hombre inmensamente rico y en el proceso untó con dinero muchas manos para mantener aceitada la maquinaria.
Del negocio participaban directivos, jugadores y periodistas, todos dirigidos por él. El sistema funcionaba más o menos así: un periódico o estación de radio (pagados por debajo del agua) se dedicaba a hablar bien de tal o cual futbolista o DT perteneciente a su cuadrilla, agrandándolo hasta posicionarlo. Una vez que esto sucedía, se hacía la transferencia a precios infladísimos de los que salía la “comisión” de todos los involucrados, quienes siempre apoyaban a su benefactor. De esta manera, Hurtado llevó ex jugadores a los medios de comunicación o los convirtió en directivos, daba asesorías a los dirigentes de los clubes y de la selección (su última “víctima” fue “La Bomba” Rodríguez). Entre 1985 y 2010 el mercado de piernas estuvo controlado por él, no se hacía ninguna transferencia de las caras sin su intervención directa.
Su mayor socio fue Guillermo Álvarez Cuevas con quien hizo y deshizo a placer dentro de Cruz Azul, más lo segundo y, aunque el “Vil Billy” lo negaba, diciendo que Carlos Hurtado era un mito urbano, resultó que hasta compadres eran.
Hurtado encarnó muchos de los vicios que impiden el despegue del futbol mexicano; dado que su control era casi absoluto, todos los técnicos dependían de él, los nombres siempre eran los mismos y se intercambiaban constantemente entre los clubes, lo que limitó la llegada de talento (¿recuerdas lector, lectora, un DT nuevo con ideas frescas y revolucionarias?); así sucedió por lo consecuente, con los jugadores nacionales, que veían cortado su ascenso debido a la presencia de futbolistas extranjeros que no eran mejores, pero que les impedían debutar en Primera División.
Se murió Carlos Hurtado, un verdadero hampón que le hizo mucho daño al futbol mexicano. Dada la opacidad de su vida y negocios, hay aspectos que permanecen en secreto, tal vez irán saliendo con el tiempo. El mercado de jugadores sigue funcionado más o menos igual, sólo que entre diversos promotores. Hasta el jueves…