Por sus características y esencia, el deporte es una práctica que suele sacar a relucir lo mejor de la naturaleza humana. El verdadero espíritu deportivo tiene que ver con el competir en buena lid, vencer al rival en igualdad de condiciones, sin hacer trampa y ajustándose siempre a las reglas establecidas. Desde esta perspectiva el triunfo en sí mismo no es lo más importante, lo que realmente cuenta es la forma en cómo se obtenga dicho triunfo, lo cual, en los tiempos actuales, donde se busca ganar a costa de lo que sea, no se tiene muy presente.
El equipo Tyrrell de Fórmula 1 que competía en el campeonato de 1973, estaba integrado por los pilotos Jackie Stewart y Francois Cevert, dupla cuya principal característica era la mezcla de experiencia e ímpetu. El escocés Stewart era el hombre de la sabiduría, poseedor de un talento fuera de serie, campeón del mundo en tres ocasiones y sin duda uno de los mejores ases de la historia; mientras que Cevert era un joven que prometía convertirse en el mejor piloto francés de las últimas décadas. Además, Cevert tenía la suerte de ser compañero de equipo de quien fuera su mayor héroe, si bien aspiraba no sólo a retar, sino aun a vencer a Jackie Stewart, aprendiendo y esperando con paciencia su momento. Casi desde que empezaron a trabajar juntos se estableció entre ambos una genuina relación de maestro-alumno que redundó en una competencia feroz, pero leal, en la que cada uno tenía que esforzarse al máximo. En más de una ocasión hicieron el 1-2, siempre con el maestro por delante. Tyrrell aspiraba seriamente al campeonato de constructores y disputaba palmo a palmo la supremacía con el equipo Lotus, encabezado por el brasileño Emerson Fitipaldi, otro monstruo de la categoría reina del automovilismo.
Durante el Gran Premio de Holanda, celebrado en el autódromo de Zandvoort, Jackie Stewart marchaba en punta con su pupilo pisándole los talones. Cevert intentaba el rebase con insistencia, mientras Stewart resistía todos sus embates; así a lo largo de casi toda la prueba, hasta que en una de esas, a la salida de la curva conocida como “Tarzán”, el maestro cometió un error de conducción al no realizar el cambio de marcha adecuadamente; perdió velocidad y casi salió de pista. En ese instante Cevert pudo haber aprovechado y adelantar con toda tranquilidad para hacerse del liderato, pero no lo hizo y se conformó con frenar y realinearse detrás del líder una vez que este se recuperó. Así continuaron hasta recibir la bandera a cuadros. En cuanto llegaron al parque cerrado, Jackie saltó apresuradamente de su auto para ir donde se encontraba el monoplaza del francés. Cuando llegó metió la cabeza en la cabina y le dijo: “idiota, ¿por qué no me rebasaste? ¡Cometí un error! ¡Era tu carrera!”. Francois no se inmutó por el regaño y se limitó a responder que esa no era la manera en la cual lo quería vencer, tendría que ser de forma convincente, por haber sido mejor y más rápido sobre la pista y no por un fallo cometido, sólo así tendría valor haber derrotado al gran Jackie Stewart.
Tristemente, Francois Cevert no volvió a tener oportunidad de cruzar la meta por delante de Stewart, pues murió en un accidente poco tiempo después, mientras participaba en el Gran Premio de Estados Unidos, última carrera del campeonato, sobre el circuito de Watkins Glen. La trágica desaparición de su querido coequipero precipitó el retiro de Jackie Stewart, quien desde entonces se convirtió en un defensor a ultranza de las medidas de seguridad que tantas vidas han salvado y hoy damos por hecho. Hasta el próximo jueves…