Síguenos @ContraReplicaMX
Columnas
La democracia que hoy construimos en México es fruto de la convicción y la lucha de las mujeres. La transformación democrática, que a pasos lentos ha ido consolidando instituciones y libertades, por fin empieza a hacerle justicia a figuras como Hermila Galindo, Rosario Ibarra de Piedra, Benita Galeana y tantas otras que, desde distintos frentes, abrieron camino amplificando las voces de diversas mujeres y movimientos sociales.
Osaré en decir que la democratización en México ha sido tardía y responde a un contexto continental, en el que durante décadas diversos países en América Latina padecieron regímenes autoritarios. La lucha de aquellas generaciones fue restablecer el orden democrático, aquel que fue soñado por Rousseau: el contrato social que reconoce a la ciudadanía como libre, igual y soberana, donde las mujeres han tenido poco protagonismo: pero que han sido pilares.
Hoy, una mujer encabeza el Instituto Nacional Electoral. Guadalupe Taddei Zavala no es solo la primera mujer en presidir este organismo autónomo, sino que lo hace con una trayectoria de casi tres décadas en el servicio electoral, en la construcción de instituciones y en la defensa de la legalidad. Su labor ha sido, en muchos sentidos, discreta pero contundente: una función pública centrada en el cumplimiento de la ley y en el equilibrio institucional, particularmente en momentos complejos.
Esta semana, ha vuelto a ser tema en varios medios de comunicación la idoneidad de las personas candidatas a los distintos cargos de elección popular dentro del Poder Judicial. En este contexto, adquiere especial relevancia el voto particular que emitió la Consejera Presidenta Guadalupe Taddei en relación con el acuerdo de la “8 de 8” aprobado por el Consejo General del INE. Taddei Zavala dejó claro que, si bien está de acuerdo con que todas las personas candidatas a cargos de juezas o jueces deben cumplir con los requisitos constitucionales de elegibilidad, la forma y el momento en que se impone un nuevo procedimiento a esos requisitos altera las reglas previamente establecidas para el proceso. Esto, como bien recordó, afecta uno de los principios fundamentales de todo proceso electoral: el de certeza.
Su posición no es menor. Habla de una convicción jurídica y de una comprensión profunda de los principios democráticos. No se trata de defender privilegios ni de ceder a presiones. Se trata de garantizar que las reglas del juego sean claras, predecibles y aplicables para todas las personas por igual. Se trata, en pocas palabras, de fortalecer el Estado de derecho.
En un país donde a las mujeres que acceden al poder se les exige más, se les observa con lupa y se les mide con varas distintas, la actuación de Guadalupe Taddei Zavala nos recuerda que ejercer el poder con responsabilidad también es hacer historia. Su voz firme y contundente durante la deliberación electoral logra honrar a aquellas que nos antecedieron en la lucha.
Que las mujeres lideren, decidan, construyan y cuiden las instituciones democráticas no es una concesión: es un derecho ganado. Y hoy, más que nunca, es una necesidad para la vitalidad de nuestra democracia.
Andrea Gutiérrez