El desempeño de una función pública implica asumir la obligación de llevar a cabo distintas tareas encomendadas por el estado (un ente colectivo que constituye el modelo de organización social más perfeccionado hasta nuestros días).
Cumplir tareas o funciones del estado en cualquiera de sus distintas ramas o materias, es una enorme responsabilidad, y constituye también un altísimo honor.
Se trata de un deber de servicio, que requiere la formación de una vocación personal, o que incluso puede llegar a consolidar toda una verdadera carrera en el ámbito profesional.
En ocasiones, años de servicio público se pueden convertir incluso en una misión de vida. Hay quien entrega a su vocación de servicio, todo su esfuerzo, voluntad, pensamiento y acciones. (a veces con elevados costos, como el sacrificio personal o familiar.)
Desafortunadamente, también hay quien pasa por el servicio público buscando la oportunidad de sentirse "superior" al resto de las personas, o bien de sacar algún provecho personal de esa noble función.
Es muy importante tener esto presente al momento de elegir a nuestros representantes de elección popular, que se encargan de la conducción de los llamados "poderes políticos" (Ejecutivo y Legislativo) y también es muy relevante que los servidores públicos que integran esos poderes, observen en todo momento la necesidad de contar con los mejores y más adecuados perfiles en las tareas que no emanan directamente del voto popular (el Poder Judicial, la Administración Pública, y los Organismos Constitucionales Autónomos).
La elección o designación de los servidores públicos se debe realizar con base en los perfiles, conocimientos y aptitudes de quienes deban desempeñar los cargos, pero también es indispensable reconocer la ética en su desempeño, así como la integridad en el servicio público, como elementos esenciales de una verdadera vocación.
Sin embargo, es evidente que estos elementos no se desprenden del currículum, la trayectoria o la formación profesional. No basta con tener muchos títulos ni grados académicos. Debe verificarse el tipo de relaciones que un servidor público ha construido a lo largo de su vida, los lazos familiares o afectivos, la estabilidad emocional, carácter, y el número de "escándalos" en los que se ha visto envuelto (tomando en cuenta la verificabilidad de cualquier posible acusación).
Asimismo, la evolución de su patrimonio, la conciliación del trabajo con la vida familiar, los resultados tangibles de sus acciones públicas, las aportaciones adicionales al mero ejercicio de sus funciones, entre otros aspectos que permitan detectar los patrones de conducta con los que se una persona se desempeña en el servicio público.
Flor de Loto: Los cargos públicos de mayor nivel, deberían ser ocupados por personas con mayor experiencia y probada vocación de servicio, mientras que en los cargos inferiores, se deberían preparar nuevos perfiles, mediante un servicio civil de carrera.