La Fórmula 1 vive su tercera época en nuestro país, el pasado fin de semana se llevó a cabo la X edición del Gran Premio de México, cuya numeralia es por demás interesante: según la CANACO (Cámara Nacional de Comercio), la derrama económica que le dejó el evento a la CDMX fue de casi 21 mil millones de pesos, lo que representa un incremento de 16.4 porciento en comparación con el año anterior; el sector hotelero reportó una ocupación cercana a 90 porciento gracias a la llegada de miles de visitantes extranjeros; 400 mil asistentes abarrotaron el Autódromo Hermanos Rodríguez durante las prácticas, calificación y carrera. Es, con mucho, el mayor certamen deportivo realizado por estos lares, el cual resulta un medio ideal para promover la imagen de la ciudad a nivel internacional.
Hace unos años estuvo a punto de ser cancelado por la entonces Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum Pardo, debido a que esta reconsideraba el empleo de los recursos en otras áreas prioritarias. Es un hecho que la realización de eventos como este, requieren de la participación directa del gobierno, de otra manera no serían viables económicamente hablando. Pero, tras una ardua labor de convencimiento por parte de los directivos de la mencionada CANACO, quienes, con cifras y datos por delante le demostraron a la doctora Sheinbaum no sólo la pertinencia, sino aún la necesidad de mantener la carrera, finalmente el gobierno dio el aval y apoyo necesarios. Muy probablemente tendremos Gran Premio de México para largo, siempre que se cuente con la parte oficial.
La llegada de un piloto local a la máxima categoría fue el detonante del crecimiento exponencial de seguidores del automovilismo deportivo en México; Checo Pérez, fue el principal factor, debido en primer lugar a sus buenas actuaciones sobre las pistas en diversas escuderías y también a la gran parafernalia publicitaria que gira en torno suyo, que sería inútil sin lo anterior. El regreso de Pérez con el equipo Cadillac, a partir de 2026, garantiza que continuará en aumento el número de quienes siguen el deporte motor, muy en especial la F-1.
Pero no todo resulta ideal, porque el hecho de que el Hermanos Rodríguez esté lleno al máximo con gente entusiasta y feliz, no significa que exista una verdadera afición entre nosotros; un porcentaje bastante significativo de los que asisten a presenciar el GP, no están realmente interesados en el deporte motor como tal, el cual se convierte en un mero pretexto para ir a pavonearse y ser parte de la “gente bonita”; incluso los hay que no entienden qué es lo que está sucediendo en pista. Para muchos, la Fórmula 1 es un mero pretexto para socializar, echar desmadre e incluso verse envuelto en broncas y peleas; tomarse la infaltable selfie para presumir y decir “yo estuve ahí” y, en fin, subir la “historia” a las redes sociales para recibir muchos likes que los hagan sentirse importantes y validados ante el mundo.
Mientras tanto, el deporte propiamente dicho, queda en segundo plano. En México no existe una afición auténtica a la máxima categoría, es sólo una pose, un medio para presumir estatus. Afortunadamente, la Fórmula 1 es mucho más que eso, es un deporte apasionante (no hay campeonato a nivel mundial que tenga tantos seguidores). Cada vez es mayor el número de amantes sinceros y leales de las carreras de autos en México, especialmente entre los muy jóvenes, quienes sí sienten la emoción y la magia de la velocidad (los viejos aficionados no están incluidos aquí, porque son -somos- incondicionales de toda la vida), ellos garantizan la permanencia y crecimiento del automovilismo deportivo. Hasta el jueves…