En distintas partes del mundo, después de la presencia de gobiernos "fuertes" o dirigidos por líderes carismáticos; o bien, después de largos periodos de gobierno en manos de ciertas personalidades o grupos políticos, se suele transitar hacia modelos más incluyentes, que usualmente se constituyen mediante la figura de gobiernos de coalición.
Los gobiernos de coalición permiten que distintos grupos políticos con fines comunes, pero generalmente con ideologías distintas, se conformen como modelos de organización política de mayor pluralidad y más incluyentes.
Los gobiernos de coalición son figuras usuales en los sistemas parlamentarios, pero no tan frecuentes en los regímenes presidenciales como el de Estados Unidos y toda América Latina.
Sin embargo, países como Chile han logrado unificar a diversos partidos políticos con perfiles no tan afines, en torno a figuras o proyectos que pudieran impulsar transiciones, cómo fue el caso de Patricio Aylwin en 1990, presidente que sustituyó a Pinochet y su largo régimen dictatorial.
En distintos países ha sido frecuente que las alianzas electorales se conviertan en gobiernos de coalición, con el fin de buscar mayor gobernabilidad dentro de la pluralidad política en la conducción del Poder Ejecutivo, y usualmente también se traducen en alianzas parlamentarias para la toma de decisiones legislativas congruentes con ese gobierno.
Nuestro país no tiene un sistema parlamentario; ni siquiera un régimen semi-parlamentario, sino un presidencialismo vigente durante muchos años, en distintos momentos y con distintos partidos políticos gobernantes, en su momento PRI, PAN y hoy en día Morena.
A pesar de que muchos de esos casos correspondieron sobre todo en las últimas dos décadas a alianzas electorales, estás no se transformaron en gobiernos de coalición, pues dado el sistema presidencial que prevalece en nuestro país, fueron organizados como gobiernos de una persona y su partido.
El actual régimen político en México, autodenominado como la "Cuarta Transformación” ha logrado consolidarse a través del carisma de su líder político y hoy presidente de la república, lo que haría probable que se continuará bajo esta línea política con otra figura carismática, en caso de ganar las elecciones en 2024, o bien, que se enfrentará a una propuesta de una oposición unificada, que probablemente podría traducirse, en caso de tener éxito electoral, en un gobierno de coalición.
Es por eso que, en la actualidad, que se discuten reformas y leyes para pavimentar el entramado institucional, cómo la Ley Federal de Consulta Popular, o la relativa al juicio político y otras similares; también valdría la pena discutir la reglamentación secundaria a la figura de los gobiernos de coalición incorporada en 2014 a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, figura que también se encuentra prevista en la Constitución de la Ciudad de México.
Flor de Loto: No hay nada más democrático que la diversidad.