En todos los ámbitos de la vida, lo que se siembra, termina por cosecharse, salvo que la siembra sea en terreno árido o se pierda por falta de riego y lluvia. Generalmente siempre hay un resultado, bueno, malo o regular.
La política no es excepción y es prácticamente imposible salir limpio al cruzar el pantano.
Por eso llama la atención el caso de César Yáñez, actual subsecretario de Desarrollo Democrático, Participación Social y Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación.
En la vida real, las ex parejas nunca hablan bien una de otra. Es rarísimo las que conservan relación civilizada y respetuosa. Por lo común llegan a los tribunales por la disputa del patrimonio o por la patria potestad de los hijos. Terminan por odiarse y se tratan como si fueran los peores enemigos.
No ha sido ni es el caso de César. Su ex pareja, autora del libro político de moda, en las distintas entrevistas con medios y en el mismo libro, ha sido cuidadosa y medida al referirse a su antigua relación. Ha dejado en claro que se trata de capítulo cerrado. No ha salido de su boca rosario de quejas, tampoco reclamos, lo que deja ver que prevaleció el respeto.
Contrario a los buenos deseos del catolicismo, la relación no fue para toda la vida, tuvo su principio y final, como muchas. La diferencia es que nadie se desgarró las vestiduras, cada uno siguió su camino.
Episodio que tiene que verse de manera excepcional, sobre todo por ser entre exparejas. Por eso lo citamos en primer lugar. La cosecha es buena, respetuosa.
César Yáñez empezó a sembrar al lado del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, en su primera campaña a la presidencia de la República. No era su jefe directo el ingeniero sino Armando Machorro.
En 1988 se contaban con los dedos de una mano los representantes de medios que daban cobertura a la campaña. Así que el par de comunicadores fue suficiente para cumplir la tarea. Como jefe, Machorro tenía en primer lugar la relación con los periodistas.
Nunca se observó que César pretendiera desplazar a Machorro. La cosecha: funcionó el equipo de comunicación durante toda la campaña.
César también trabajó en el área de comunicación del PRD cuando fue presidido por Porfirio Muñoz Ledo, político-político que en los hechos ha demostrado siempre ser un comunicador natural.
Después vendría la siembra en terreno mucho más extenso, 18 años en campaña con Andrés Manuel López Obrador. La etapa en la que no había descansos y trabajaba los siete días. Inseparable del candidato, en las malas y en las buenas. Estuvo con él en la jefatura de gobierno de la Ciudad de México. Siguió en las campañas por la presidencia.
La cosecha: la presidencia de la República.
Ese había sido el compromiso, trabajar los 365 días de cada año hasta llegar a la presidencia. El respiro vendría en el gobierno, cuando César solicitó tiempo para atender su nuevo matrimonio, una responsabilidad como servidor público que también le permitiera convivir con su familia.
Para nadie es secreto que llegar a una subsecretaría, requiere el visto bueno del presidente.
La cosecha: la subsecretaría.
Una vez más, con su discreción, disciplina honestidad y respeto, César está en etapa de siembra, ahora en el equipo de Adán Augusto López Hernández.
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