México duele, el asesinato de Carlos Manzo, alcalde de Uruapan, confirma el terror, violencia e inseguridad que campean en Michoacán y gran parte del país bajo la indiferencia de las autoridades estatales y federales. El crimen exhibe los niveles de descomposición y el control del crimen organizado en la entidad.
Manzo había advertido varias veces: “No quiero ser un alcalde más en la lista de quienes han sido ejecutados y a quienes les han arrebatado la vida”. “Tengo mucho miedo, pero debo afrontarlo con valentía”. Lamentablemente hoy es parte de esa vergonzosa lista de quienes han alzado la voz en defensa de su pueblo, exigiendo seguridad y les costó la vida.
A Carlos Manzo y Bernardo Bravo, líder limonero de Apatzingán, los mató la indiferencia, la arrogancia, la soberbia, la complicidad, el silencio e impunidad del Estado, tras recibir amenazas y presiones del crimen organizado. Los ignoraron, las conveniencias políticas no se ajustaron a sus demandas de combatir al crimen organizado y proteger a los ciudadanos.
De nada sirve que ahora digan que el crimen no quedará impune, que llegarán hasta las últimas consecuencias. El Estado falló, históricamente, México es el paraíso de la impunidad, un país donde menos del 1 por ciento de los asesinatos se esclarecen. Su responsabilidad era evitar que esos crímenes se cometieran y no cumplieron.
Michoacán es una tierra sin ley, desde hace años, la crisis de inseguridad se agravó principalmente en los municipios de Apatzingán, Tepalcatepec, Coalcomán, Aquila y Aguililla, donde más 5 mil personas han dejado sus localidades en un nuevo éxodo, buscando seguridad y paz en otros estados del país o Estados Unidos.
Sus lugares de origen se transformaron en un infierno, en zonas de guerra, donde están a merced de los delincuentes y los bloqueos. Son víctimas de los sitios que imponen los grupos en conflicto y los dejan sin alimentos, medicinas y servicio de luz. Muchos agricultores dejaron de sembrar porque no podían pagar la extorsión para cultivar y sacar sus cosechas.
De acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública la violencia en el estado de Michoacán ha dejado, en los últimos 21 meses, un saldo de 2,114 homicidios dolosos. Uruapan es el tercer lugar a nivel nacional de las ciudades donde su población se siente insegura. El 89.5% ha manifestado ser víctima de un delito, presenciar uno o que viven con temor de salir a la calle según el INEGI.
Así las cosas, queda para la reflexión y la acción la advertencia de Carlos Manzo: “A mí me podrán matar, a mí me podrán levantar, a mí me podrán intimidar o amenazar, pero afuera hay un pueblo que exige justicia, hay un pueblo cansado, a mí me podrán chingar, pero se quedan con un tigre muy enfurecido”
@guillegomora