La alcaldesa de Cuauhtémoc creó un grupo de choque virtual contra críticos, tiene la piel tan delgada y es tan frágil su imagen pública que requiere de un ejército de defensores para contrarrestar las múltiples críticas en las redes de los vecinos, ciudadanos y gente con sentido común.
Ahora Alessandra Rojo de la Vega intenta atemorizar a quienes cuestionan la ineficacia de su actuación, con una plataforma donde sean señalados públicamente y hasta encarcelados.
Desde le inicio de su administración creó un bloque de incondicionales para acosar a sus críticos, disfrazados de vecinos que afirman estar de acuerdo con ella.
La ignorancia sobre las atribuciones y responsabilidades sociales de la alcaldesa, le fuerzan a colocar una plataforma para blindarse de las críticas, a las que todo funcionario público, está expuesto. Es lamentable la condición de la alcaldesa, con un vocabulario de 300 palabras, y una cultura de primero de primaria.
El secuestro de las estatuas de Fidel y El Che no puede quedar impune, ya que se trata de un robo, por el que deberá responder con sanciones ejemplares.
Es evidente que carece de un equipo real de comunicación social que contrarreste, con argumentos sólidos, los cuestionamientos a su quehacer.
No se trata de desmentir sino de conocer si en realidad la gente está de acuerdo con su forma de gobernar, porque tras denunciar una campaña “de mentiras y montajes” en su contra, anunció el lanzamiento de Operación Verdad, dedicada a desmentir acusaciones en su contra a través de análisis y pruebas, además de exponerse a quienes las crean. Lo cual está prohibido para los funcionarios públicos.
Es decir, busca castigar a quienes no están de acuerdo con su frívola manera de gobernar la Cuauhtémoc, incluye un acoso permanente de un ejército de vagos que dedican su tiempo a molestar por las redes a sus críticos.
Se trata de una manera de reprimir y atentar contra la liberad de expresión que acusa autoritarismo y megalomanía.
Esto en una ciudad progresista simplemente se queda en el camino, cualquiera que sea su destino, porque no oculta sus deseos de competir por la jefatura de gobierno.
La señora alcaldesa anuncia que dicha plataforma servirá para presentar las denuncias correspondientes ante las autoridades y el Órgano Interno de Control por difamación, que implica cárcel, cuando es ella quien debería estar tras las rejas.
La alcaldesa cree que terminar con las críticas que le impiden avanzar, con la plataforma y sus chicos frágiles que hacen bullying a sus críticos. Lo cierto es que no está capacitada para una responsabilidad por mínima que sea.
La amenaza de denunciar penalmente a los críticos de su estilo personal de figurar es parte de la plataforma y muestra de su pobre visión de la responsabilidad que la sociedad le otorgó.