Mientras México concentra buena parte de su atención en la organización de la Copa Mundial de Fútbol 2026, existe otro partido que se está jugando todos los días y que resulta mucho más importante para millones de familias: el de la seguridad alimentaria.
Aunque la inflación general se ha moderado, hasta ubicarse en alrededor de 3.9%, los precios de los alimentos continúan registrando incrementos superiores al promedio nacional. En abril de 2026, la inflación alimentaria alcanzó 5.95% mientras que meses previos llegó a superar 6.4% afectando directamente el poder adquisitivo de los hogares mexicanos.
Y es que, los nuevos obstáculos alimentarios que enfrenta México ya no provienen únicamente del clima. Hoy convergen al menos cinco factores que amenazan la producción, distribución y acceso a los alimentos.
El primero es la persistente sequía y la volatilidad climática. Estados productores de maíz, frijol, hortalizas y forrajes, principalmente, han sufrido afectaciones recurrentes por falta de lluvias, olas de calor y fenómenos meteorológicos extremos. El resultado es una menor productividad agrícola y mayores costos para los productores. Lo curioso de todo esto, como sucedió hace unos días en el estado poblano, se utiliza el siniestro para publicidad, mientras que hay seguros agrícolas que protegen ese tipo de situaciones.
El segundo obstáculo es el incremento en los costos de producción. Fertilizantes, combustibles, energía eléctrica, transporte y mano de obra continúan ejerciendo presión sobre el campo mexicano. Productores de diversas regiones han denunciado que la rentabilidad se reduce cada año, obligando incluso al abandono de superficies agrícolas.
El tercer problema es la inseguridad rural y logística. Robos en carreteras, extorsiones y pérdidas durante el transporte lo que elevan los costos finales para productores y consumidores.
Organismos agropecuarios nacionales han advertido que esta situación disminuye la competitividad del sector frente a otros países.
Un cuarto riesgo es el sanitario. La reaparición del gusano barrenador del ganado en zonas cercanas a la frontera con México ha encendido alertas en la ganadería regional. Aunque las autoridades mantienen protocolos de control, el simple riesgo de expansión puede afectar exportaciones, movilidad de ganado y costos de producción pecuaria.
También lo curioso es que esta plaga estaba controlada hasta antes del sexenio anterior.
Y un quinto factor es la creciente incertidumbre comercial. La revisión del T-MEC, los nuevos aranceles en diversas cadenas productivas y las tensiones comerciales internacionales generan incertidumbre para productores y exportadores mexicanos. El presidente Donald Trump dejó entrever que podría no renovar el acuerdo de libre comercio con Canadá y México.
Lo más seguro tratándose de frutas, hortalizas, y otros productos, que alimentan a gran parte de la población norteamericana, se mantengan sin arancel alguno, ya que eso repercutiría en escasez y en una elevación de precios de alimentación.
¿Quiénes están involucrados en esta problemática? Prácticamente todos. Productores, transportistas, comercializadores, autoridades federales y estatales, organismos sanitarios, empresas agroindustriales, distribuidores y consumidores forman parte de una cadena que hoy muestra señales de vulnerabilidad.
La solución no pasa únicamente por subsidios temporales o controles de precios. México necesita una estrategia nacional de seguridad alimentaria basada en cinco ejes: infraestructura hídrica moderna, tecnificación del campo, fortalecimiento sanitario, seguridad en corredores agroalimentarios y financiamiento accesible para pequeños y medianos productores.
A ello debe sumarse una política agresiva de almacenamiento estratégico de granos, impulso a la producción nacional de fertilizantes, coberturas y una mayor diversificación de mercados internacionales. Aún estamos a tiempo.
Luis P. Cuanalo
Presidente del Colegio de Ingenieros Agroindustriales de México, A.C. (CIAGROIN).
Empresario del sector agroindustrial.
CANACINTRA Sector agroindustrial.