En México se estima que hay más de 27 millones de personas en rezago educativo, equivalente al 26.6% de la población mayor de 15 años del país y a nadie le importa. Prueba de ello, es que más de un millón 400 mil estudiantes en México permanecen sin clases debido al paro indefinido que mantiene la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE)
Sí, al magisterio militante los conceptos “educar”, “elevar el nivel académico de niños y profesores” e “impulsar el crecimiento del país desde la plataforma educativa” no le parecen importantes e incluirlos en sus pliegos petitorios. Lo suyo es adoctrinar al que se deje o al que obliguen voluntariamente a fuerzas.
La suspensión prolongada de actividades escolares, por parte de la CNTE, ocurre en un contexto donde millones de niñas, niños y adolescentes presentan deficiencias significativas en comprensión de lectura, matemáticas ciencias y habilidades básicas de aprendizaje de acuerdo con investigaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) donde se advierte que México no ha progresado en la habilidad lectora, especialmente con los estudiantes que concluyen la educación primaria.
Datos, al 2025, del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos, confirman que Chiapas se ubica como la entidad con mayor rezago educativo del país; seguido de Michoacán, Guerrero, Oaxaca y Veracruz, justo, donde la suspensión de clases se concentra ante la indolencia de la CNTE.
Por ello, cada día sin clases representa mucho más que una interrupción administrativa. Significa una pérdida de oportunidades para estudiantes. El tiempo escolar perdido, especialmente en comunidades vulnerables donde la escuela cumple además funciones de acompañamiento social y desarrollo comunitario, no se recupera.
Es importante no perder de vista que México tiene uno de los cinco sistemas educativos más grandes del mundo: 34 millones de alumnos, 2 millones de maestros, y más de 260 mil planteles educativos.
Sin embargo, se encuentra en el último lugar de 36 países, tanto en nivel de educación y competencias como de seguridad personal, de acuerdo con el informe “¿Cómo va la vida?”, de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico.
Ante ese diagnóstico, nuevos periodos de inactividad escolar representan un retroceso difícil de cuantificar, sobre todo ahora que el gobierno federal ordenó desaparecer la Unidad del Sistema para la Carrera de las Maestras y los Maestros, (Usicamm) y las plazas, un ascenso o un cambio de centro de trabajo, regresan a manos de los sindicatos de maestros.
Así las cosas, la protesta de la militancia magisterial, vacía las aulas y la factura de la presión política la pagan más de 1.4 millones de niños y jóvenes sin clases, en un país donde el rezago educativo es una vergonzosa constante aún con la alternancia en el poder.
@guillegomora