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La obra correcta, pero tarde

La obra correcta, pero tarde

Columnas lunes 29 de junio de 2026 -




No toda crítica a un gobierno implica estar en contra de sus proyectos. En ocasiones, la diferencia no está en el qué, sino en el cómo.
La Magdalena Contreras necesita mejores opciones de movilidad. Durante décadas, miles de habitantes han invertido varias horas al día para trasladarse a sus trabajos, escuelas y actividades cotidianas. Negar esa realidad sería absurdo. También lo sería desconocer que el Cablebús representa una alternativa moderna y potencialmente transformadora para una de las alcaldías históricamente más rezagadas en materia de conectividad.
Precisamente por eso resulta inevitable cuestionar la forma en que el Gobierno de la Ciudad ha conducido este proyecto.
Porque el problema no es el Cablebús. El problema es la incapacidad para ejecutarlo con la oportunidad que demandan los ciudadanos.
La administración capitalina parece haber perfeccionado el arte del anuncio, pero no necesariamente el de la conclusión. Presentaciones, estudios, fechas tentativas, modificaciones y nuevos calendarios han ocupado demasiado espacio, mientras los beneficios reales continúan esperando.
Y es que los ciudadanos no se trasladan en conferencias de prensa. Los ciudadanos se trasladan en obras terminadas.
Cada retraso representa miles de horas adicionales perdidas en el tráfico; significa tiempo que no se dedica a la familia, al descanso o al desarrollo personal. El costo de la demora no aparece en los informes gubernamentales, pero sí se refleja todos los días en la calidad de vida de quienes siguen esperando una solución prometida desde hace años.
Gobernar no consiste únicamente en identificar problemas ni en presentar proyectos atractivos. Gobernar implica ejecutar, cumplir y entregar resultados. La capacidad de gestión también forma parte de la evaluación democrática.
Por eso, la discusión sobre el Cablebús de la Magdalena Contreras no debería centrarse en si se trata de una buena o mala idea. A estas alturas, la pregunta es otra: ¿por qué una obra considerada prioritaria por el propio Gobierno de la Ciudad sigue avanzando a un ritmo muy por debajo de las necesidades de la población?
Las grandes transformaciones no se miden por el número de anuncios, sino por la capacidad de convertirlos en realidades.
Porque una buena obra ejecutada años después de lo prometido deja de ser una muestra de eficiencia y se convierte en evidencia de incapacidad administrativa.
La Magdalena Contreras no necesita más maquetas ni nuevas fechas de arranque. Lo que necesita es que las promesas finalmente se conviertan en resultados.




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/CR

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